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Amour courtois

Amour courtois
Drutz et "midons"
"...Entonces me verás...y mi muerte, más elocuente que yo, te dirá qué es lo que se ama cuando se ama a un hombre..." (Pedro Abelardo a Eloísa)

domingo, 26 de julio de 2009

Etimologías

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Los romanos llamaban grex, gregis a sus rebaños. Este sustantivo dio origen a numerosas palabras de nuestra lengua, empezando por grey, que en el lenguaje eclesiástico alude al ‘rebaño’ de la Iglesia. Cuando una res se sumaba al rebaño, los latinos usaban el prefijo a- antepuesto a gregis para formar aggregare, "agregar". Cuando una o varias reses eran separadas del grupo, se aplicaba el prefijo se- y se decía que eran "segregadas". Cuando el rebaño se dividía, se añadía el prefijo dis- para expresar que el grupo era "disgregado". Al final del día, se utilizaba el prefijo con- para señalar que el ganado se "congregaba" en un lugar para volver al establo. Cuando queremos decir que a los seres humanos les gusta vivir entre sus semejantes, como en un rebaño, les atribuimos carácter "gregario". Y cuando uno de ellos se destaca del rebaño, decimos que es "egregio".
Así, por fenómeno de prótesis, los prefijos se añaden al vocablo.
Antisemitismo
Según la definición del Diccionario de la Academia, antisemita es todo "enemigo de la raza hebrea, de su cultura o de su influencia". Esta definición es anacrónica por dos razones: 1) porque la ciencia no admite hoy que las diferencias étnicas entre los seres humanos alcancen el rango de ‘raza’; todos los hombres y mujeres pertenecen a una única raza, la humana; y 2) porque la religión, cultura y tradición hebreas son compartidas por varios grupos étnicos. La definición contiene aun un tercer error: los ‘semitas’ que según la Biblia serían los descendientes de Sem, hijo de Noé, no son sólo los hebreos sino también los pueblos árabes.
La palabra alemana Antisemitismus fue usada por primera vez, ya con su sentido actual, por el periodista y agitador alemán Wilhelm Marr, que la usó como un eufemismo en lugar de la expresión ‘odio a los judíos’. En 1912 la Liga Pangermánica adoptó el antisemitismo como uno de sus principios, una decisión que constituyó el primer paso hacia la tragedia que se desencadenaría sobre Europa a partir de la década de 1930.
Batalla
Del bajo latín galicano băttālia, “esgrima”; del latín tardío battualia, del verbo battuere, "batir". Además de la simplificación de la geminada dental sorda /tt/ > /t/, esta particular palabra es un semicultismo; se tendría que haber producido hiato: /lja/ > /ja/. Se produce la palatalización del grupo LY, del caso de yod II. Hubiera resultado "bataja", tal como dio este grupo en mulier > mujer.
Candidato
Quien se ofrece para ocupar un cargo público debería tener una trayectoria inmaculada, sin ninguna mancha que pudiera dejar alguna duda sobre su pasado. Así lo entendían ya los romanos, que hacían vestir a los aspirantes a esos cargos una túnica blanca, llamada candida, con la que se exhibían para manifestar públicamente la pureza y la honradez que cabía esperar de ellos.
El nombre de la túnica provenía de la raíz indoeuropea kand- o kend-, brillar, de la cual se han derivado palabras tales como candelabro, candente, candela, cándido, incandescente, incendio, etc. Ningún derivado de candidus llegó hasta nosotros con significado directamente alusivo al color blanco, pero la blancura deslumbrante que la palabra latina candor expresaba en la lengua de los césares se mantuvo en español con el sentido de "sinceridad, sencillez y pureza de ánimo" que la palabra también tenía en latín. El DRAE menciona el sentido de "suma blancura" como acepción de candor, pero en la práctica esta palabra es muy poco usada con ese sentido.
Con la extensión de la democracia desde la segunda mitad del siglo XVIII, la palabra candidato es hoy harto conocida en toda la comunidad hispanohablante. No lo era antes de esa época, como permite comprobar el Diccionario de Autoridades (denominación de la primera edición del DRAE, 1729), que decía: El que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo, ó empleo público honorífico. Es voz puramente Latina y de rarísimo uso.
Cabe añadir que las velas, candelas o cirios eran llamados en latín candela, en alusión al brillo que provenía del calor; de ahí la palabra candente, que en latín significaba ‘blanco o brillante como consecuencia del calor’, y la castellana incandescente.
Catalizar
Las ciencias sociales y la prensa utilizan cada vez con más frecuencia esta palabra con el sentido de ‘estimular’ o ‘acelerar’ un determinado proceso, como vemos en este texto extraído de un libro de arte:
El Omega Workshop, que seguía de cerca, como reconocía el mismo Fry, el ejemplo contemporáneo del Atelier Martine de Poiret, debía pues catalizar los intereses y las energías creativas de los jóvenes artistas brindándoles la manera de poder expresarse libremente.Este ejemplo corresponde a un uso de catalizar en sentido figurado, puesto que se trata de un término técnico usado originalmente en química. Los profesionales de esta ciencia, que es la que estudia las sustancias, saben que el desarrollo de una reacción molecular no es instantáneo, sino que la velocidad con que ocurre varía de acuerdo con numerosos parámetros. En muchos casos, es posible aumentar la velocidad de una reacción mediante el añadido de una sustancia que, sin sufrir ningún cambio químico, agiliza la transformación de otras, implicadas en el proceso. Es lo que ocurre en la elaboración del ácido sulfúrico, en la que la transformación del dióxido de azufre en trióxido es acelerada —catalizada— por la presencia, en caliente, del platino o del pentóxido de vanadio. Estos últimos son los catalizadores de la reacción.
Catalizar proviene del griego katálysis (disolución), derivada del verbo katalyein (disolver, desatar), de katá (hacia abajo), partícula procedente del indoeuropeo kat- (abajo) y de lyein (soltar, disgregar), también con origen en el indoeuropeo leu- (aflojar, dividir, cortar). La palabra fue usada por primera vez en 1836 por el químico sueco Jöns Jacob Berzelius, al observar un factor común en numerosas reacciones químicas: determinadas sustancias permanecían inalteradas durante el proceso de reacción en el que influían, debido a una fuerza que él denominó ‘catalítica’. Berzelius introdujo el término catálisis para denominar las reacciones químicas originadas por la influencia de esas fuerzas. Sin embargo, fue el químico alemán Johann Wolfgang Döbereiner, quien observó en 1823 el primer fenómeno de este tipo al encender hidrógeno por la catálisis de una esponja de platino.
Cliente
En la muy estratificada sociedad romana, cliens, clientis era aquel que estaba bajo la protección o la tutela de otro, a quien escuchaba, seguía y obedecía. Este sentido ha cambiado en el castellano moderno: el comerciante, el banquero, el profesional universitario no ven en el cliente a alguien que les obedece humildemente, sino a una persona que los favorece porque paga sus mercaderías o servicios.
Sin embargo, la antigua denotación romana se mantiene aún hoy en la ciencia política, en cuyo marco se llama clientes a los ciudadanos que acuden a los políticos en busca de favores, y política clientelista, a la que se basa en ese tipo de relación corrupta, en la que el político presta favores-empleos, ascensos, jubilaciones- a cambio de votos.
Griegos
Del adjetivo gentilicio latino graecus,a,um, “griego, heleno”. Al igual que en otros casos, como en caelus > cielo, el diptongo primario evolucionó en vocal abierta, y ésta dio el diptongo tónico. /ae/ > /ę/ > /ié/. También se produce la sonorización de la oclusiva velar sorda en contexto intervocálico: /c/ > /g/.
Llave:
Las primeras cerraduras que se usaron en Roma eran extremadamente simples: consistían en dos argollas, una en cada hoja de la puerta, en medio de las cuales se pasaba un clavo, clavus, clavi. Este sistema facilitaba en tal grado el trabajo de los ladrones que, para evitarlo, los artesanos fueron ideando sistemas más complejos en los cuales se confería al clavo una forma específica para cada puerta, de forma que sólo el dueño de casa o quien tuviera aquel clavo podía abrir y cerrar. Con esta novedad, el nombre del clavo cambió ligeramente para llamarse clavis, llave, clave.
En castellano llave fue usada desde muy temprano, aparece ya con su forma actual desde los poemas de Berceo (1230-1250). Clave llegó más tarde, adoptada por vía culta, en la segunda mitad del siglo XVI, y con un significado muy específico que se restringía a lo que sería el sentido figurado de llave: un código secreto, las reglas que revelan su funcionamiento, y aun un conjunto de signos.
Este vocablo responde al grupo de iniciales de origen culto que palatizaron en /ll/; ejemplo de ello es /pl/: /pleno/ > /lleno/ y /fl/: /flama/ > /llama/.
Llegar
Del verbo latino plĭcāre, “plegar”. Menéndez Pidal considera que el grupo de consonante sorda (en este caso /p/ ) seguida de /l/ hace que ésta se palatalice y se pierde la oclusiva: /pl/ > /ll/. Como en los grupos de consonante sonora seguida de /l/ en los casos de GL- aquélla se pierde, es probable que por analogía se registre por escrito la simplificación de la palatal. El grupo PL culto desaparece y es reemplazado por la palatalización. Es probable el registro escrito de la lateral simple en lugar de la geminada palatal. Es usual en el romance la sonorización de la sorda velar intervocálica: /c/ > /g/.
Melodía
Es una sucesión coordinada de notas con tono y duración específicos, enlazadas en el tiempo para producir una expresión musical coherente. La melodía es junto con el ritmo el aspecto ‘horizontal’ de la música que avanza en el tiempo, mientras que la armonía es el aspecto ‘vertical’, el sonido simultáneo de tonos distintos.
La palabra llegó al castellano proveniente del bajo latín melodia, que a su vez proviene del griego meloidia (canto, canto coral), formada por melos (canción, tonada, música, miembro de una tonada) y el griego oidía (canto), de aeídein (cantar).
Minuto
El adjetivo latino minutus (pequeño) procede del verbo minuere (mermar, reducir), con origen en el indoeuropeo mei- (pequeño), al igual que disminuido, menor, menos, mínimo, minucia, etc.
En latín medieval al minuto se lo denominó minuta, palabra clave extraída de pars minuta prima (primera parte pequeña), así llamado originalmente. En español, derivó a minuto, y como tal se documenta desde el siglo XV.
Algo parecido ha ocurrido con la palabra segundo: del indoeuropeo sek- (seguir), procede del latín sequire, con idéntico significado y de éste, también del latín, secundus (que sigue a otro, segundo). En latín medieval se llamó secunda, extraído de pars minuta secunda (segunda parte pequeña), que es como en principio se denominaba cada una de las partes en que se dividía una minuta.
Mucama
En numerosos países hispanoamericanos, mucama designa a una criada del servicio doméstico o, en algunos casos, a las personas encargadas de la limpieza de un hotel u hospital. A pesar de que el Diccionario de la Academia marca este vocablo como "brasileño de origen incierto", llama la atención el hecho de que aparezca también en Cuba, país que prácticamente no ha recibido influencia lingüística de Brasil.
Ocurre que esta palabra proviene de mukama, voz de la lengua africana quimbundo, con el significado de ‘esclava que es amante de su señor’. Como el quimbundo se habla en Angola, de donde provino buena parte de los esclavos traídos desde África, tanto a Brasil como a Cuba, es probable que mukama haya ingresado directamente desde el continente negro hacia esos países y sufrido en ambos el mismo cambio de significado.
Orín
Aunque esta palabra suele ser confundida con ‘orina’, y por más que el Diccionario de la Academia incluya una acepción con ese sentido, lo cierto es que orín es una palabra diferente, con una etimología totalmente distinta de la de ‘orina’.
Significa apenas ‘herrumbre’, el óxido de color castaño rojizo que se suele formar en la superficie del hierro. Proviene del latín ærugo, æruginis, que en latín vulgar se convirtió en aurigo, aurigines, vocablo usado inicialmente como denominación del hongo de los cereales, que cubre los vegetales de un color castaño amarillento. Se cree que la transición de la forma clásica a la vulgar ocurrió debido a la influencia de aurum (oro).
Existen registros en español de esta palabra desde el siglo xv, y aparece ya en el primer capítulo del Quijote, cuando Cervantes describe las armas del hidalgo:
Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón.
Otro/s
Del pronombre latino alter, a, um. Se produce la evolución normal del grupo /alt/, que vocalizó la líquida lateral dental /l/ en [w] semivocálica, e hizo que el diptongo /au/ se volviera la vocal tónica /o/: /alt/ > /aut/ > /ot/. Es muy usual en romance la vocalización de este grupo, que presenta un diptongo que desaparece.
Parangón
Los alquimistas fracasaron en la investigación en pos de una fórmula que les permitiera trasmutar en oro todos los metales. Sin embargo, su trabajo permitió que el hombre avanzara en el conocimiento de las sustancias, preparando el terreno para el advenimiento de la Química, que llegaría en el Renacimiento. Descubrieron, por ejemplo, el secreto de la ‘piedra de toque’, utilizado hasta hoy por los joyeros. Se trata de cierta variedad de cuarzo, la ‘lidita’, que al ser frotada contra un objeto de oro queda con una ligera marca sobre la cual se aplican reactivos. De esta manera, el profesional logra saber si el objeto es realmente de oro y cuál es su grado de pureza. La lidita o jaspe de Egipto se usa desde muy antiguo, pero los alquimistas preferían llamarla ‘piedra de toque’ o paragón, palabra tomada del italiano paragonare (someter el oro a la prueba de la piedra de toque). La voz italiana provenía del griego parakonein (aguzar, afilar, sacar punta), derivado de akoné (piedra de afilar, piedra pómez).
La palabra paragón se halla registrada en nuestra lengua desde el siglo XVI, con el sentido de ‘comparación’, pero muy pronto el uso la fue convirtiendo en parangón, aunque el Diccionario de la Real Academia reconoce aún hoy ambas formas.
Patraña:
Es una mentira o noticia fabulosa, una mera invención. Los pastores tienen fama de mentirosos, tal vez sólo superada por la de los pescadores, como nos demuestra el origen de esta palabra, que en la obra de Juan Manuel El conde Lucanor (1335), aparecía como "pastraña", con el significado de ‘noticia fabulosa’: Por esto diçe la pastraña vieja ardida non ha mala palabra/sinon es a mal tenjda veras que bien es dicha/si bien fuese entendida entiende bien my dicho.
Dos siglos más tarde, el dramaturgo extremeño Bartolomé de Torres Naharro la utilizó por primera vez bajo la forma actual en su Propaladia. Según Corominas, la pérdida de la letra "s" habría sido causada por influencia del vocablo "patarata" (cosa ridícula o despreciable).
"Pastraña" se originó a partir del latín pastoranea, que significaba ‘fábula propia de pastores’. Evidencia la evolución la pérdida de la vocal átona /o/ por síncopa y un caso de yod, grupo NY. De esta manera: /pastoranea/ > /past'ránja/. La presencia de yod cierra un grado la vocal /a/ abierta y palataliza la consonante nasal dental /n/.
El término tenía un sinónimo usado en el siglo XIII, "pastrija", que se perdió en el tiempo, pero que aparece en los poemas de Mester de Clerecía de Gonzalo de Berceo. Este vocablo derivaba del latín "pastorilia", con el mismo significado; se originó a partir del latín que significaba ‘fábula propia de pastores’. Presenta un caso de yod, grupo LY, que evoluciona en "j". Así /pastorilia/ > /past'rija/. Pronunciábase "pastriya".
Perplejo
Proviene del latín perplexus, formado con el prefijo reforzativo per- y el participio pasivo del verbo plectere, que significaba ‘tejer’, ‘enredar’, ‘dar muchas vueltas’, ‘torcer’. Llegó a nuestra lengua a través del francés antiguo perplex. Se ha dicho que este término es una alusión metafórica al hecho de que la perplejidad es una especie de nudo intelectual, como el enredo sugerido por plectere. Perplejo aparece registrado por primera vez con su forma actual en el diccionario de Terreros (1780), que define su significado como "dudoso, indeterminado", pero se usaba ya desde el siglo XIII bajo la grafía antigua: perplexo, como en este trecho de la Gran conquista de ultramar: E porende estaua muy perplexo que no sabia a qual destas cosas se acoger.
Prestidigitador
Una falsa etimología, no por eso menos difundida, es que proviene del latín præstus (pronto) y digitus (dedo). En realidad, se originó en el bajo latín præstigium (fantasmagoría, juegos de habilidad manual) y su derivada præstigiator (el que hace juegos de mano). Sin embargo, el respetado Dictionnaire d’étymologie de Albert Dauzat recoge como buena esta falsa versión, que surgió por primera vez en francés en 1829, como prestidigitateur en lugar de prestigiateur. Esta forma fue adoptada en castellano en 1855 como prestidigitador.
En español, prestigio* significó inicialmente ‘juegos de mano’, como en latín, y más tarde, ‘fascinación o ilusión con que se impresiona a alguien’. Este último significado fue evolucionando hacia el actual, de ‘ascendiente’ e ‘influencia’
Quejar
Por lo común, significaba “aquejar, afligir” en el idioma antiguo; del latín vulgar * “quassiare”, “golpear violentamente, quebrantar”. “Quexar” es muy a menudo tratado en los siglos XIII y XIV en los sentidos mencionados primero. El vocablo está todavía tan cerca del sentido de “quassare”, “quebrantar” que se confunde con él; a veces se hace intransitivo, como en este caso.
Quórum
Hoy llamamos quórum al número mínimo de miembros necesario para que sean válidas las decisiones que adopte un cuerpo deliberante o legislativo. La exigencia de quórum es una forma de evitar que una decisión pueda ser adoptada por un pequeño número de miembros.
En los cuerpos colegiados de la antigua Roma, cada nuevo miembro era recibido mediante la fórmula quorum vos unum esse volemus (de los cuales queremos tú seas uno). Esta fórmula se aplicó también en un antiguo tribunal británico, cuyos miembros actuaban en forma solidaria, que se denominaba Justices of the Quorum.
En los Parlamentos modernos, una de las técnicas de obstrucción llevadas a cabo por los sectores de oposición consiste en no hacerse presente en las reuniones, de manera de lograr que el Cuerpo no tenga quórum para sesionar o para votar.
Ramera
Hacia fines de la Edad Media, era costumbre en España colgar un ramo en la puerta de las tabernas para indicar que no se trataba de viviendas particulares y llamar de esta manera la atención de los clientes (ver).
Las prostitutas, así como hoy ocultan sus negocios haciéndolos pasar por casas de masajes, en aquella época los disimulaban colgando en su puertas un ramo, como si se tratara de tabernas.
Por esa razón, las comadres empezaron a llamarlas rameras, una palabra que les sonaba más púdica que "prostituta". Este vocablo aparece registrado por primera vez en español a finales del siglo xv, como, por ejemplo, en La Celestina (1499), de Fernando de Rojas:
Esta mujer es marcada ramera, según tú me dijiste, cuanto con ella te pasó has de creer que no carece de engaño. Sus ofrecimientos fueron falsos y no sé yo a qué fin.
Retahíla
El Diccionario define esta palabra como "una serie de cosas que están, suceden o se mencionan por su orden". Sin embargo, el uso, verificado en diversos corpus, indica que retahíla se utiliza normalmente para ‘una serie de cosas desagradables o negativas’, como vemos en este ejemplo de 1640, tomado de El siglo pitagórico, de Antonio Enríquez Gómez:
¿No me dirás qué fama o qué memoria, qué tesoros, qué premios o qué gloria tienes buscando vidas con una retahíla de homicidas? Infame, ¿quién te mete en la vida de Pedro, o qué promete oficio que espió faltas ajenas, siendo las propias [...].
Retahíla parece haberse formado en el latín medieval peninsular recta fila, que era el plural de rectum filum (línea recta).
Soberbia
Del latín sŭpērbia. Si bien se produjo la evolución normal de la vocal /ŭ/ breve átona, que abrió en latín oral y cerró un grado en prerromance, lo cual originó la /o/ átona interna, se trata de un semicultismo. Esto se debe a que hubo un caso de yod III por eliminación de hiato, grupo BY, lo cual hubiera originado "soberya".
/i/: conservación normal de la vocal /i/.
/a/: conservación normal de la /a/ en contexto final. Pérdida de la nasal labial sonora en contexto final.% de consonante nasal labial sonora /m/ en contexto final

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