Vistas de página en total

Amour courtois

Amour courtois
Drutz et "midons"
"...Entonces me verás...y mi muerte, más elocuente que yo, te dirá qué es lo que se ama cuando se ama a un hombre..." (Pedro Abelardo a Eloísa)

Mostrando entradas con la etiqueta medievalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta medievalidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de abril de 2013

XIV Congreso Latinoamericano de Filosofía Medieval,


Tucumán, 11 a 14 de septiembre de 2013

CONVOCATORIA

Convocan
Red Latinoamericana de FM
Sociedade Brasileira de Filosofia Medieval – SBFM
Universidad del Norte S. Tomás de Aquino - UNSTA
Fundación para el Estudio del pensamiento argentino e iberoamericano - FEPAI
Organizan
Universidad del Norte S. Tomás de Aquino
Fundación para el Estudio del pensamiento argentino e iberoamericano - FEPAI

Este encuentro es continuación de la serie de Congresos Latinoamericanos cuyo objetivo general es fomentar, fortalecer y afianzar los estudios filosóficos medievales en esta región, generando una tradición de investigación, docencia y divulgación de la filosofía medieval.

En especial este congreso se propone
Fortalecer el cultivo de la filosofía medieval en América Latina
Conocernos y visibilizarnos
Recuperar los valores del ciclo de congresos latinoamericanos
Abrir un espacio para la escolástica americana
Fortalecer la Red Latinoamericana:
Promover la actualización, la investigación y la especialización de la Filosofía Medieval en América Latina

En el medio internacional los medievalistas están abocados a profundizar el tema central. Deseamos y nos proponemos que este congreso en Argentina tenga una participación destacada en la comunidad de medievalistas.
Además, el Congreso aceptará, para los participantes latinoamericanos, cualquier otro tema pertinente de filosofía medieval

Autoridades

Presidentes de Honor
Luis De Boni (Brasil)
José Antonio C. R. de Souza (Brasil)

Comisión Académica
Jorge Ayala (España)
Francisco Bertelloni (Argentina)
Mauricio Beuchot (México)
Claudia D’Amico (Argentina)
João Lupi (Brasil)
JoséMeirinhos (Portugal)
Carlos Arthur R. do Nascimento (Brasil)
Josep Puig Montada (España)
Rafael Ramón Guerrero (España)
Walter Redmond (EEUU)
Joseph Ignasi Saranyana (España)
Oscar Velázquez (Chile)
María Leonor Xavier (Portugal)

Comisión Institucional
Marcos Nunes Costa (Brasil)
Jorge Augusto da Silva Santos (Brasil)
Ricardo Luiz Silveira da Costa

Referentes por países
Argentina: Silvana Filippi
Brasil: Alfredo Culleton
España: Pedro Mantas
México: Jorge Alejandro Tellkamp
Paraguay: Ricardo Villalba
Perú: Luis E. Bacigalupo
Uruguay: Francisco O’Reilly

Comisión Ejecutiva
Celina Lértora Mendoza
Silvia Contaldo (Brasil)
Susana Violante
Natalia Jakubecki
Gustavo Fernández Walker
Marcela Borelli

Coordinación
Rafael Cúnsulo y Juan José Herrera (UNSTA)
Celina Lértora Mendoza y Ruth Ramasco (FEPAI)

* * *
Informes y contacto




sábado, 24 de noviembre de 2012

1° Simposio Internacional de Jóvenes Medievalistas

Mar del Plata, 7 al 10 de mayo de 2013


Dirigido a investigadores menores de 33 años de edad (cumplidos al 31 de enero de 2013), con titulación terciaria o universitaria, interesados en cuestiones y temas de la Edad Media, en cualquiera de las disciplinas de estudio. En todos los casos las presentaciones serán individuales, pudiéndose presentar solamente un trabajo por autor. No se aceptarán presentaciones cuyos autores hayan obtenido el título de Doctor o equivalentes. 
La convocatoria se extenderá del 1 de octubre de 2012 al 31 de enero de 2013, fecha en la que se canalizarán los trabajos recibidos hacia el comité científico, todos reconocidos investigadores del ámbito del medievalismo, que no se dará a conocer hasta la publicación de los resultados de la selección. Se persigue con esta medida (y así se ha acordado con los profesionales escogidos) que el proceso de decisión por parte de los autores se guíe exclusivamente por motivos científicos y de oportunidad.  
En el transcurso de la segunda quincena de marzo, la organización comunicará la resolución del comité científico, que en todos los casos será inapelable. Se seleccionarán 12 (doce) trabajos: 8 (ocho) titulares y 4 (cuatro) suplentes, teniendo en cuenta los siguientes cupos: 2 para extranjeros, 2 para el interior de la República Argentina, 4 libres (suplentes 1, 1, 2 de acuerdo al mismo esquema). Los trabajos deberán tener un puntaje mínimo de 7,50 (siete con cincuenta) sobre una escala de 10 (diez) para poder participar.

Los 12 (doce) trabajos seleccionados serán publicados (en los formatos que oportunamente se dispusiera) pero solamente participarán del encuentro los 8 (ocho) de mayor puntaje, que serán considerados “titulares”. De igual modo todos los seleccionados gozarán de una membresía anual en la Sociedad Argentina de Estudios Medievales sin costo alguno.
Los autores de estos estudios “titulares” serán hospedados a cargo de la organización, durante cuatro noches. Los almuerzos y las cenas también correrán a cuenta de la organización. La ausencia exime a la organización tanto de cualquier compensación económica como de la publicación del trabajo.

Las actividades de los jóvenes medievalistas consistirán en:
1. Reuniones de trabajo los tres primeros días de la convocatoria,
2. Cursado de un seminario de posgrado con puntaje acreditado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata,
3. Participación en actividades abiertas a la comunidad universitaria el último día junto con miembros de la Sociedad Argentina de Estudios Medievales y de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Los estudios tendrán que ajustarse a las siguientes condiciones de presentación:
- El idioma oficial del simposio es el castellano y en esta lengua se han de presentar los trabajos.
- La extensión máxima de los trabajos será de  20 folios A4, en los cuales se incluirán dibujos, cuadros u otro tipo de apéndices. Tipo de letra Times New Roman, tamaño 12, a doble espacio y con márgenes globales de 3 cm. Las notas irán al pie, tipo de letra Times New Roman, tamaño 10, a espacio simple.  En caso que un trabajo deba contener tipografías especiales, el autor deberá ajuntar al envío por e-mail y a la versión escrita  un soporte electrónico con los True Types correspondientes para su inserción en el texto enviado, además de la respectiva traducción y transliteración al castellano, para guía de los editores. Se deberá enviar en formatos Microsoft Word 2010 y PDF.

Para más información, se puede ingresar en:
http://www.medievalistas.es/
http://www.jovenesmedievalistas.net/

domingo, 3 de junio de 2012

Chastel Pélerin: lugar para vivir la medievalidad

Un grupo de estudiosos creó este centro en Buenos Aires para trasmitir los conocimientos y valores de la Alta Edad Media. "Chastel" es una palabra romance francesa, derivada del latín "castra", "construcciones estratégicas para la guerra", que más tarde derivó semánticamente en "castillo". "Pélerin" sufre el mismo origen: la preposición latina "per" ("a través de", "por") unida a "agrum" ("campo") dio "peregrinum". La asimilación fónica entre las consonantes líquidas "l" y "r" hizo que los sonidos y la grafías cambiasen según la consolidación de las lenguas romances: así tenemos "pellegrino" en italiano y "pélerin" es versión afrancesada, que influyó en Inglaterra y dio "pilgrim". (No olividemos que en 1066 se produjo la bastalla de Hastings, en la cual Guillermo el Conquistador impuso el francés en la isla, lengua que hablarían por 300 años.)
"Castillo de los peregrinos" es el nombre del castillo de la Orden de los Templarios en las Cruzadas. Los 300 años de dichas expediciones religiosas determinaron la cultura y mentalidad de la Edad Media. La peregrinación -concepto clave del homo medievalis- se llevaba a cabo cotidianamente y los caminos no ofrecían seguridad. La necesidad de la conquista de Tierra Santa y del cuidado de los romeros, jacobeos, palmeros, etc., favorecieron la aparición de las Órdenes de Caballería, imitación de las religiosas pero de índole militar.
El Centro Chastel Pélerin ofrece al público distintas opciones para vivir la Edad Media en su música, comidas, artes plásticas, danzas y nombramientos caballerescos según rituales característicos. Más información en http://chastelpelerin.blogspot.com.ar. Carpe diem: tempus fugit.

lunes, 20 de julio de 2009

Un "romance" con la lengua castellana


El castellano es un dialecto originario de Cantabria, de origen latino (a su vez con elementos griegos) e influido por las lenguas germánica, árabe, hebrea, aragonesa, vasca y francesa, entre otras. Se trata de una lengua romance, que significa que proviene del bajo latín o latín oral. La palabra romance proviene del adverbio latino romanice, "a la manera romana", que se pronunciaba *románike. La i átona interna, después de la vocal abierta tónica, pierde fuerza y termina por desaparecer y en el plano fónico la consonante velar sorda deviene una africada dental sorda. Esto significa que probablemente en la Edad Media se hubiese pronunciado "romántse" la escritura romançe.

Como el latín culto o clásico había perdido fuerza y sustento luego de la desaparición del foco cultural y político de Roma, se hizo cada vez más difícil su acceso y comprensión. De tal manera que en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, hacia el año 1000 aproximadamente, un clérigo fue incapaz de recordar dicha lengua; le fue necesario incorporar la traducción de la propia lengua que entonces hablaba (romance) al códice o manuscrito que entonces copiaba. Esas aclaraciones en un protocastellano se denominan glosas emilianenses y constituyen la partida de nacimiento de nuestra lengua ya milenaria.
Las lenguas no nacen tal o cual año, sino a lo largo de muchos azares, y conmemorar el milenario del castellano es solo una honesta manera de pasar el rato o (más exactamente) de matar el tiempo. Sin embargo, a ese mismo lector de talante crítico tal vez no sea inútil reiterarle otra precisión, por si no se le hubiera advertido según conviene: las Glosas Emilianenses, pretexto (entiéndase literalmente) para la digna conmemoración, no se escribieron en los aledaños del 977. Desde que Menéndez Pidal publicó una parte de ellas (en un libro de veras magistral, Orígenes del español), la paleografía ha caminado no poco, y los más expertos conocedores coinciden hoy en dictaminar que las Glosas difícilmente pueden ser anteriores al último tercio del siglo XI.
Al servicio del latín
El castellano el idioma de las Glosas: mejor dicho, el idioma de las Glosas no latinas ni vascas, y, sobre todo de la más extensa y sustancial, la doxología o súplica laudatoria «Cono aiutorio de nuestro dueno...». Los especialistas identifican ahí el habla riojana (en rasgos como cono, por 'con el') «muy impregnada de caracteres navarro-aragoneses» (así get -articúlese como si la g fuera una j francesa-, por 'es'). Pero es lícito proponer una cautela y señalar que no hay ninguna seguridad de que el autor de las Glosas (si admitimos que no se limitaba a copiar un modelo) tuviera como propio ese dialecto riojano con peculiaridades navarro-aragonesas. Es posible y aun probable que fuera eusquera y que hubiera aprendido el romance poco antes de iniciarse en el latín. Pues, si el recurso ocasional al vasco y algunas confusiones o singularidades llamativas hacen pensar que nuestro escriba no andaba muy fuerte en riojano-navarroaragonés (o lo que fuere: el panorama lingüístico de la Península en los siglos X y XI estaba demasiado revuelto, las variantes locales eran demasiado graves, para pretender ahora excesivos matices), caben escasas vacilaciones en cuanto al propósito del glosador al ponerse a la tarea: estudiar latín.
Es natural que por el legítimo deseo de dar a conocer una etapa relevante en la historia lingüística de la Península tienda a realzarse la pequeña porción de las Glosas que ilustra la pronunciación, la morfología o el caudal léxico de las hablas españolas en la Edad Media. Con todo, no se descuide el hecho primario: las Glosas Emilianenses son apuntes o anotaciones puestos para comprender unos textos latinos. El manuscrito que los contiene es lógicamente modesto, como cabía esperar de un cuaderno de deberes: para hacer prácticas de gramática, no se iba a emplear uno de esos infolios de caligrafía y ornamentación espléndidas que eran el orgullo de un scriptorium. Así, el glosador fue a parar a un códice pobre y plebeyo: un volumen, en ínfimo pergamino, que verosímil mente se consideraría sin actualidad ni gran interés, y apto, por tanto, para los ejercicios de un escolarillo.
De entre las piezas de la miscelánea que le venía a las manos, nuestro hombre se entretuvo durante algún tiempo con un par de pasajes de un cierto tono pintoresco. Trabajo, pues, en desentrañar el relato de una visión en la que Satanás aparecía coronando y sentando a su diestra a un diablo que había perseguido cuarenta años el admirable logro de que un monje se decidiera a fornicar una vez (la anécdota formaba parte de una colección de ejemplos monásticos extraída de las Palabras de los mayores o Liber Geronticon) ; y se ocupó además en descifrar las revelaciones del «rey Aristóteles» al «obispo Alejandro» sobre los signos que anunciarán el fin del mundo (obra de procedencia no averiguada, aunque de ingredientes y personajes harto familiares a los investigadores) .Pero la principal atención se la dedicó a la antología de pláticas que cierra el manuscrito, donde se presenta atribuida a San Agustín, si bien consta mayormente de fragmentos de homilías de San Cesáreo de Aries (con algunas sabrosas adiciones). y no es síntoma desdeñable que las líneas que han sólido juzgarse «el primer vagido de nuestra lengua» se hallen al margen de un sermón de San Cesáreo: porque el obispo de Aries, a comienzos del siglo VI, se distinguió en subrayar la urgencia de predicar al pueblo en una lengua y un estilo adecuados a su rusticidad.
Como trabajaba el glosador
Pero, ¿qué hacía nuestro estudiante con esos textos? Para empezar, los segmentaba en unidades con sentido relativamente autónomo y dentro de cada una, mediante letras superpuestas a cada palabra o grupo (a, b, c, ...), señalaba en qué orden debía leerse la frase. De suerte que al tropezar con un período como el siguiente: Nam de neclegentibus sacerdotibus ipse Dominus ad populo loquens dicit..., cavilaba que sus elementos habían de distribuirse así : Nam loquens dicit ipse Dominus ad populo de neclegentibus sacerdotibus... Después, recurriendo a la declinación de los pronombres correspondientes y a otras indicaciones, consignaba el caso gramatical de los sustantivos, suplía los sujetos y complementos no expresos, introducía los relativos implícitos, añadía enlaces y componentes supuestos, etc. Donde encontraba, pues, Que dicunt vobis lacite, que autem laciunt nolite lacere, él, amén de ordenar las oraciones o asentar (con un quibus) que vobis era dativo plural, daba esta interpretación:

[O populi] , que [precepta] dicunt [qui sacerdotes] vobis, [vos] facite; que [mala] autem [mala] faciunt [qui sacerdotes] [vos] nolite facere [ea mala].
Por otro lado, cuando no entendía un término, consultaba un vocabulario y anotaba en el margen de la página la significación que creía apropiada, en latín o en vulgar, relacionando la glosa y la palabra problemática con una llamada común a ambas. De tal manera, explicaba insinuo con «io castigo» (es decir, 'yo aconsejo') o libenter con «voluntaria» ('voluntariamente'). En esas operaciones, más de una vez se equivocaba, arrastraba errores del códice de las fuentes de información que manejaba, y ofrecía aclaraciones poco ortodoxas. Pero, en suma, se iba adiestrando en comprender y analizar un texto latino elemental.
Todos los ejemplos del párrafo anterior -transcritos con la ortografía y las depuraciones del original figuran en el mismo folio que la invocación «Cono aiutorio...» No obstante, si me he demorado en sugerir como sudaba el escolar de marras es porque vale la pena insistir en que las Glosas Emilianenses, además de como documento temprano del romance, tienen una segura importancia en tanto testimonio de los métodos empleados en la enseñanza del latín. Uno y otro dato dependen más entre sí de lo que con frecuencia se afirma.
¿Lengua real o jerga de principiante ?
En la más larga y elaborada de las Glosas se propone ver en general. «el primer texto en que el romance español quiere ser escrito con entera independencia del latín». Pero hay que limitar ligeramente este entusiasmo. Resulta obvio, desde luego. que una buena parte de la célebre formula es a un tiempo traducción y paráfrasis de unas líneas latinas. En efecto,
Cono aiutorio de nuestro dueno, dueno Christo, dueno Salbatore, qual dueno get ena honore e qual duenno tienet ela mandatione cono Patre, cono Spíritu Sancto, enos siéculos de lo(s)) siéculos...es simplemente un traslado de la deprecación con que concluye la homilía de San Cesáreo:
adiubante domino nostro Ihesu Christo, cui est honor et imperium cum Patre et Spíritu Sancto in secula seculorum...
Eso es obvio y en nada afecta a la identidad de la acotación romance, por cuanto aquí nos atañe. Sí quiero realzar, en cambio, que el autor de tal glosa se ejercitaba en el latín por el procedimiento de anotar en cada enunciado los factores que el uso normal y correcto deja tácitos; y así, para el pasaje recién citado, daba esta reconstrucción: ...domino nostro Ihesu Christo, cui (domino) est honor et (cui domino est) imperium...
No de otra manera que en el trozo que he citado antes unía al verbo el relativo y el nombre pertinentes: «que [precepta] dicunt [qui sacerdotes] vobis...». Pero ese recurso se le convirtió en hábito mental y determinó en varios aspectos las frases romances que trazaba. Por ejemplo, «qual dueno get ena honore e qual duenno tienet ela mandatione. ..» es tan artificial como la versión que más o menos daría el glosador, entre sí, a la frase recordada hace un momento: 'quales mandationes dicen quales sacerdotes a vos...' A la postre, ese «qual dueno. ..» pertenece a la misma jerga seudopedagógica, sin realidad lingüística, que quizá aún suene a veces en las academias de idiomas, me temo, cuando se lea «He saw me and he gave me the pen) y se traduzca por «El vio a mí y él dio a mi la pluma...» o disparate similar.
La más célebre Glosa Emilianense, pues, no se redactó «con entera independencia del latín) a todos los propósitos. No por ello le haré remilgos a la benemérita invención de un Milenario de la lengua castellana. Pero arriba he recordado al lector que las Glosas Emilianenses no parecen haber alcanzado el «milenario» ni estar en «lengua castellana». A la luz de casos como el que acabo de aducir, por otra parte, y con una pizca de escepticismo no rematadamente frívolo, .casi me atrevería a decir que en algunos rasgos ni siquiera son «lengua» de verdad: se quedan en pre-texto.