Vistas de página en total

Amour courtois

Amour courtois
Drutz et "midons"
"...Entonces me verás...y mi muerte, más elocuente que yo, te dirá qué es lo que se ama cuando se ama a un hombre..." (Pedro Abelardo a Eloísa)

Mostrando entradas con la etiqueta epopeya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta epopeya. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de marzo de 2019

Las leyes de la épica. Axel Olrik.


La ley de apertura y cierre: el relato no empieza ni termina abruptamente. El relato épico tradicional no comienza ni acaba sino con un movimiento inicial de calma a intensidad, y final de intensidad a calma.
La ley de repetición: los eventos se repiten, en ocasiones hasta 3 veces, no a través del detalle o la descripción, como hace la literatura o épica culta (escrita). Se usa para lograr tensión por el énfasis y para llenar el cuerpo de la narración, como un enigma o una prueba que se proponen al héroe. Esta ley se relaciona con las dos siguientes: ley de dos y ley de tres, y la de los gemelos. También se vincula con la ley del patrón.



-La ley de dos en escena: cada escena tendrá sólo dos personajes que hablen o aparezcan juntos al mismo tiempo, sin perder identidad: príncipe y princesa, el héroe y el monstruo, el joven guerrero y el sabio consejero, etc. Si en esa escena hay más de dos personajes, éstos permanecerán en silencio.
-La ley de tres: las cosas se desarrollan de a tres (personajes, escenarios, momentos salientes del relato, tres pruebas, tres enigmas, etc.)
-La ley de contraste: la narrativa folklórica se basa en pares antitéticos, el débil y el fuerte, el rico y el pobre, el hombre y el monstruo, el bien y el mal.


La ley de los gemelos: personajes que aparecen juntos y cubriendo el mismo papel. Hansel y Gretel, los Dióscuros, Rómulo y Remo, Raquel y Vidas en el Cid, etc. Si uno de ambos tiene un poco más de relevancia, con un rol mayor y diferenciado, estarán sujetos a la ley del contraste.
- Ley de peso de proa: cuando hechos o personas se suceden en serie, el principal viene primero. Esta ley se opone a la de peso de popa o de la posición final: en la serie de hechos o personas es la última donde recae la preferencia del narrador, como el hijo menor será el más simpático y su última prueba será decisiva.
La ley de unidad de acción o del único hilo: la narrativa folklórica sigue una unidad de acción temporal, y no da lugar a acciones paralelas. La épica tradicional sigue este modelo, no produce una trama compleja con entrecruzamiento de los hilos narrativos, como sí lo hace la novela moderna, sino que el único hilo avanza sin distraerse en saltos al pasado ni en las alternativas de personajes laterales. Una sola acción debe enmarcar hechos y personajes.


- La ley de la unidad de la trama o concentración en un personaje principal. Él o ella es el que conduce y llena con su figura; cuando la saga o historia presenta dos héroes, uno solo es en verdad el protagonista, Sigfrido, Beowulf, Aquiles, etc. Es la ley de unidad de protagonista.

- La ley del patrón o del modelo: las acciones repetidas serán lo más parecidas posibles, en un cuadro de situaciones sucesivas simétricamente: tres días seguidos un joven va a un sitio desconocido, encuentra cada día un gigante, mata a cada uno de idéntico modo, etc.
- La ley del uso de escenas-cuadro: algunos momentos de la narrativa folklórica evocan imágenes visuales. Las escenas resultan paradigmáticas: San Jorge y el dragón, Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa, etc.

- La ley de la lógica: la narrativa folklórica encuentra su viabilidad no en su sentido realista sino en su lógica interna (el verosímil aristotélico). Así, todo motivo o elemento debe influir en la acción y justificarse con relación a ella.




domingo, 22 de julio de 2018

Mudarra el Bastardo


La leyenda de los Siete Infantes 

Tal leyenda, según Menénde PIdal, procede de un cantar de gesta, que comprende cuestiones importantes en su estructura, cuales mitemas: bodas, ayuda para las bodas, deshonra de doña Lambra, 500 sueldos, fidelidad y anillo partido. Como todo texto épico español, presenta sustrato histórico: Gonzalo Gústioz (padre de los Siete Infantes de Lara y de Mudarra, el vengador), Ruy Velázquez, Almanzor y Galve; la mora, hermana de Almanzor y madre de Mudarra, y este último constituyen elementos poéticos.
El mismo don Ramón señala que existió un segundo cantar de gesta de los Infantes, una segunda versión simultánea a manos de los juglares. Aparentemente, la ausencia de poemas que conserven esta historia, pero sí las prosas respectivas en las crónicas, se debe a la elaboración de estas últimas escritas por eruditos, con menosprecio por los juglares. Así, el el nacimiento de los romances está relacionado con el relato de hechos históricos. Al comparar las crónicas y el segundo cantar, se mantienen como comunes a ambos, como la partida de ajedrez, y la sentencia del traidor.
En este punto señala que existió un segundo cantar de gesta de los Infantes. Es decir, que con el paso del tiempo, los juglares, al menos crearon una segunda versión del hecho que narraban. Posteriormente pasa a analizar las crónicas que se inspiran en ese segundo cantar de gesta. Señala los lugares comunes épicos con otros cantares 
El cantar de gesta fue compuesto hacia el año 990, en el transcurso de las bodas entre Doña Lambra —natural de Bureba— y Ruy Velázquez de Lara (o Blásquez) —. Este último era hermano de Doña Sancha, madre de los Iinfantes; por lo tanto, se enfrentan los familiares de la novia con los de Lara. De ese enfrentamiento resulta muerto Álvar Sánchez, primo de Doña Lambra, a manos de Gonzalo González, el menor de los siete infantes.
Luego de varios sucesos de ofensas y tensiones entre ambas familias, Velázquez urde un plan por el que Gonzalo Gustioz, señor del enclave de Salas, es enviado al moro Almanzor con una carta cuyo contenido indica que sea matado el portador de la misiva, cuyo contenido desconocen padre e hijos debido a que está escrita en árabe. Los siete hermanos de Lara habían sido dirigidos hacia una emboscada ante tropas musulmanas en la que, a pesar de su valía guerrera, son decapitados y sus cabezas remitidas a Córdoba por órdenes de su tío Ruy Velázquez. Allí serán contempladas dolorosamente por su padre en uno de los plantos más emotivos de toda la epopeya castellana.Almanzor se apiada de Gonzalo Gustioz y se limita a retenerlo preso, pues considera excesivo el sufrimiento de su cautivo, que es aliviado por una hermana del propio Almanzor. De ambos nace un hijo llamado Mudarra, quien más adelante será adoptado por Sancha Velázquez, su abuela. Años más tarde este hijo, aunque bastardo, vengará a sus medio hermanos, matando a Ruy Velázquez.