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Amour courtois

Amour courtois
Drutz et "midons"
"...Entonces me verás...y mi muerte, más elocuente que yo, te dirá qué es lo que se ama cuando se ama a un hombre..." (Pedro Abelardo a Eloísa)

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sábado, 20 de abril de 2019

IV Jornadas Internacionales de Ficcionalización y Narración en la Antigüedad, el Tardoantiguo y el Medioevo: “Un milenio de contar historias”




Los días 27 al 29 de noviembre de 2019, en la ciudad de Buenos Aires, tendrá lugar la cuarta edición de este encuentro dirigido a antiquistas, tardoantiquistas y medievalistas, nacionales y extranjeros, interesados en la investigación del fenómeno narrativo en sus distintos alcances de contenidos, producción y proyección (literarios, históricos, filosóficos y artísticos), entre los siglos I y XIV. 



El principal objetivo de las jornadas es la presentación de trabajos individuales, grupales e interdisciplinarios para su análisis y discusión. Retomamos la experiencia llevada a cabo en los encuentros anteriores con la intención de mantener el intercambio académico y el diálogo participativo entre los especialistas de todas las áreas mencionadas arriba y el público en general.

El envío de resúmenes o “abstracts”: hasta 200 palabras, en fuente “Times New Roman” 12, interlineado 1.5, indicando título, nombre y apellido del autor/-es, dirección postal y electrónica, e institución a la que pertenece, se realizará hasta el 31 de agosto de 2019. 


 La fecha de envío del trabajo terminado será hasta el 1 de noviembre. Éste contará con una extensión máxima de 8 carillas, en fuente “Times New Roman” 12, interlineado 1.5 (excluida la bibliografía). Se realizará una selección de trabajos para su
publicación con acuerdo de los autores.


 El costo de las jornadas será de:
-Investigadores/docentes nacionales con ponencia: $500.
-Investigadores/docentes extranjeros con ponencia: U$S 50.
-Alumnos con ponencia: $250.
-Asistentes con certificado: $200.
-Asistentes sin certificado: gratis.
-Miembros de AADEC y SAEMED: 20% de descuento.


 Sede: Puán 480, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires.

 Para el envío de las colaboraciones y consultas, comunicarse con a la siguiente dirección de correo electrónico:


miércoles, 6 de marzo de 2019

Las leyes de la épica. Axel Olrik.


La ley de apertura y cierre: el relato no empieza ni termina abruptamente. El relato épico tradicional no comienza ni acaba sino con un movimiento inicial de calma a intensidad, y final de intensidad a calma.
La ley de repetición: los eventos se repiten, en ocasiones hasta 3 veces, no a través del detalle o la descripción, como hace la literatura o épica culta (escrita). Se usa para lograr tensión por el énfasis y para llenar el cuerpo de la narración, como un enigma o una prueba que se proponen al héroe. Esta ley se relaciona con las dos siguientes: ley de dos y ley de tres, y la de los gemelos. También se vincula con la ley del patrón.



-La ley de dos en escena: cada escena tendrá sólo dos personajes que hablen o aparezcan juntos al mismo tiempo, sin perder identidad: príncipe y princesa, el héroe y el monstruo, el joven guerrero y el sabio consejero, etc. Si en esa escena hay más de dos personajes, éstos permanecerán en silencio.
-La ley de tres: las cosas se desarrollan de a tres (personajes, escenarios, momentos salientes del relato, tres pruebas, tres enigmas, etc.)
-La ley de contraste: la narrativa folklórica se basa en pares antitéticos, el débil y el fuerte, el rico y el pobre, el hombre y el monstruo, el bien y el mal.


La ley de los gemelos: personajes que aparecen juntos y cubriendo el mismo papel. Hansel y Gretel, los Dióscuros, Rómulo y Remo, Raquel y Vidas en el Cid, etc. Si uno de ambos tiene un poco más de relevancia, con un rol mayor y diferenciado, estarán sujetos a la ley del contraste.
- Ley de peso de proa: cuando hechos o personas se suceden en serie, el principal viene primero. Esta ley se opone a la de peso de popa o de la posición final: en la serie de hechos o personas es la última donde recae la preferencia del narrador, como el hijo menor será el más simpático y su última prueba será decisiva.
La ley de unidad de acción o del único hilo: la narrativa folklórica sigue una unidad de acción temporal, y no da lugar a acciones paralelas. La épica tradicional sigue este modelo, no produce una trama compleja con entrecruzamiento de los hilos narrativos, como sí lo hace la novela moderna, sino que el único hilo avanza sin distraerse en saltos al pasado ni en las alternativas de personajes laterales. Una sola acción debe enmarcar hechos y personajes.


- La ley de la unidad de la trama o concentración en un personaje principal. Él o ella es el que conduce y llena con su figura; cuando la saga o historia presenta dos héroes, uno solo es en verdad el protagonista, Sigfrido, Beowulf, Aquiles, etc. Es la ley de unidad de protagonista.

- La ley del patrón o del modelo: las acciones repetidas serán lo más parecidas posibles, en un cuadro de situaciones sucesivas simétricamente: tres días seguidos un joven va a un sitio desconocido, encuentra cada día un gigante, mata a cada uno de idéntico modo, etc.
- La ley del uso de escenas-cuadro: algunos momentos de la narrativa folklórica evocan imágenes visuales. Las escenas resultan paradigmáticas: San Jorge y el dragón, Perseo sosteniendo la cabeza de Medusa, etc.

- La ley de la lógica: la narrativa folklórica encuentra su viabilidad no en su sentido realista sino en su lógica interna (el verosímil aristotélico). Así, todo motivo o elemento debe influir en la acción y justificarse con relación a ella.




viernes, 26 de diciembre de 2014

Romance de la Doncella Guerrera






Pregonadas son las guerras   de Francia para Aragón, 
¡Cómo las haré yo, triste,   viejo y cano, pecador! 
¡No reventaras, condesa,   por medio del corazón, 
que me diste siete hijas,   y entre ellas ningún varón! 
Allí habló la más chiquita,   en razones la mayor: 
—No maldigáis a mi madre,   que a la guerra me iré yo; 
me daréis las vuestras armas,   vuestro caballo trotón. 
—Conoceránte en los pechos,   que asoman bajo el jubón. 
—Yo los apretaré, padre,   al par de mi corazón. 
—Tienes las manos muy blancas,   hija no son de varón. 
—Yo les quitaré los guantes   para que las queme el sol. 
—Conocerante en los ojos,   que otros más lindos no son. 
—Yo los revolveré, padre,   como si fuera un traidor. 

Al despedirse de todos,   se le olvida lo mejor: 
—¿Cómo me he de llamar, padre?   —Don Martín el de Aragón. 
—Y para entrar en las cortes,   padre ¿cómo diré yo? 
—Besoos la mano, buen rey,   las cortes las guarde Dios. 
Dos años anduvo en guerra   y nadie la conoció 
si no fue el hijo del rey   que en sus ojos se prendó. 
—Herido vengo, mi madre,   de amores me muero yo; 
los ojos de Don Martín   son de mujer, de hombre no. 
—Convídalo tú, mi hijo,   a las tiendas a feriar, 
si Don Martín es mujer,   las galas ha de mirar. 
Don Martín como discreto,   a mirar las armas va: 
—¡Qué rico puñal es éste,   para con moros pelear! 
—Herido vengo, mi madre,   amores me han de matar, 
los ojos de Don Martín   roban el alma al mirar. 
—Llevarasla tú, hijo mío,   a la huerta a solazar; 
si Don Martín es mujer,   a los almendros irá. 
Don Martín deja las flores,   un vara va a cortar: 
—¡Oh, qué varita de fresno   para el caballo arrear! 
—Hijo, arrójale al regazo   tus anillas al jugar: 
si Don Martín es varón,   las rodillas juntará; 
pero si las separase,   por mujer se mostrará. 
Don Martín muy avisado   hubiéralas de juntar. 
—Herido vengo, mi madre,   amores me han de matar; 
los ojos de Don Martín   nunca los puedo olvidar. 
—Convídalo tú, mi hijo,   en los baños a nadar. 
Todos se están desnudando;   Don Martín muy triste está: 
—Cartas me fueron venidas,   cartas de grande pesar, 
que se halla el Conde mi padre   enfermo para finar. 
Licencia le pido al rey   para irle a visitar. 
—Don Martín, esa licencia   no te la quiero estorbar. 
Ensilla el caballo blanco,   de un salto en él va a montar; 
por unas vegas arriba   corre como un gavilán: 
—Adiós, adiós, el buen rey,   y tu palacio real; 
que dos años te sirvió   una doncella leal!. 
Óyela el hijo del rey,   tras ella va a cabalgar. 
—Corre, corre, hijo del rey   que no me habrás de alcanzar 
hasta en casa de mi padre   si quieres irme a buscar. 
Campanitas de mi iglesia,   ya os oigo repicar; 
puentecito, puentecito   del río de mi lugar, 
una vez te pasé virgen,   virgen te vuelvo a pasar. 
Abra las puertas, mi padre,   ábralas de par en par. 
Madre, sáqueme la rueca   que traigo ganas de hilar, 
que las armas y el caballo   bien los supe manejar. 
Tras ella el hijo del rey   a la puerta fue a llamar.


Se trata de uno de los más bellos textos del Romancero Tradicional. Según Menéndez Pidal, proviene de una fragmentación del viejo y típico cantar de gesta oral, que se mantuvo por latencia y por la transmisión oral de generación en generación. Por diversas razones, entre ellas el interés del público, se produce un desprendimiento del cantar épico y se mantiene como unidad autónoma. Mientras el cantar de gesta contiene una estructura en tiradas de versos anisosilábicos cuya extensión oscila entre las 13 y 16 sílabas de rima asonante en todos ellos, este tipo de texto se condensa y adquiere estrofas de -por lo general- cuatro versos octosílabos de rima asonante en los versos impares: es decir, rima ab, cb, db, eb, etc. El mismo hispanista sostiene que este desprendimiento se debe a la real y auténtica vigencia de la épica en España, a diferencia de otros países. Por eso destaca que el género épico es como un ser orgánico, con origen, plenitud y decadencia. Mientras en Francia, por ejemplo, las chansons de geste van perdiendo esplendor y se van apagando entre lo siglos XIV y XV, en esos siglos observamos la pervivencia del género épico en el Romancero. Y no sólo allí. También se contempla en los libros de caballería, versión novelada de personajes relacionados con el combate.
En el Romance de la Doncella Guerrera, se observa sobre todo el motivo folklórico de la virgo bellatrix, quien finalmente sucumbe al encanto del varón. Entre sus antecedentes de figuras femeninas que combaten se encuentran las de la diosa de la guerra, la prudencia y la sabiduría, la griega Palas Atenea; la amazona Hipólita, desposada con Teseo y madre de su hijo Hipólito; la bella amazona Pentesilea, quien acudió a defender la ciudad de Troya y cayó -rendida tal vez por su amor- bajo la lanza de Aquiles (se dice que el héroe lloró al contemplar la belleza de la muchacha luego de quitarle el casco); las valquirias nórdicas, entre ellas la paradigmática Brynhild o Brunilda, que fue castigada por su padre Odín y condenada a dormir rodeada de una muralla de fuego y a ser liberada por su amante Sigfrido. 
El motivo es una estructuctura narrativa que se repite, como en el caso de la mujer disfrazada de hombre para escapar, no ser reconocida o realizar tareas superadoras.