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Amour courtois

Amour courtois
Drutz et "midons"
"...Entonces me verás...y mi muerte, más elocuente que yo, te dirá qué es lo que se ama cuando se ama a un hombre..." (Pedro Abelardo a Eloísa)

sábado, 12 de mayo de 2012

Las Danzas de la Muerte

Pertenecientes al género característico del fin de la Edad Media y el principio del Renacimiento,  son un producto del cambio de la perspectiva del mundo entre los siglos XIV y XV.
Las Danzas de la Muerte están íntimamente ligadas con la literatura, pero no sólo ello: la pintura, la escultura, el teatro, la danza y la música, y algunas actividades parateatrales como la mímica, la procesión, etc. Sus temas pertenecen al folklore europeo y su génesis, desarrollo y transmisión plantean problemas debido a la falta de documentación y la variedad de posiciones encontradas de los investigadores. Se gestan en apenas cincuenta años y llegan a ser un fenómeno cultural en toda Europa en la última etapa de la Edad Media. Simbolizan la finitud de la vida, el último arrepentimiento y la postrera ilusión; van cargadas de un mensaje moral, una ironía estremecedora y una denuncia social del mundo en que nacieron.
Definición
Víctor Infantes dice que por Danza de la Muerte entendemos una sucesión de imágenes y textos presididas por la Muerte como personaje central —generalmente representada por un esqueleto, un cadáver o un vivo en descomposición— y que, en actitud de danzar, dialoga y arrastra uno por uno a una relación de personajes habitualmente representativos de las diferentes clases sociales.
Se trata de una Danza de la Muerte completa, es decir, con texto literario y representación gráfica, nunca superpuestas o integradas, sino manteniendo su condición de universos estéticos particulares. Los íconos pueden ser pinturas o dibujos sobre pergamino, papel, tela u otros materiales y situarse en lugares que van desde el libro al convento, pasando por el manuscrito, la sala o la lámina; grabados en planchas para una tirada editorial o tallados sobre los lugares más sorprendentes como una campana o la vaina de un puñal, o simplemente madera; frescos, relieves y bajorrelieves en cementerios, iglesias, catedrales, puentes, etc. Independientemente de su técnica o de su ubicación, esta ilustración puede ir o no acompañada de un texto literario: un escueto pie explicativo, una composición poética de un número indeterminado de versos y rimas; una leyenda, el dístico latino, el comento en prosa o el punzante epigrama.
Cabe destacar que existen danzas solamente gráficas y otras estrictamente textuales, y que, sin embargo, en su gran mayoría este género presenta una simbiosis de ambas manifestaciones artísticas.
                     Etimología y problemática
Indistintamente, este género se conoce con las denominaciones Danza macabra, Danza de la Muerte y Danza de los muertos. El término macabra no es una mera cualidad, es un problema etimológico. Aparece por primera vez en Francia unida a la palabra dance en el Respit de la Mort (ca.1376), breve poema de 123 versos compuesto por el procurador Jean Le Fèvre.
Quizás su origen se remonta al término árabe maqâbir que significa "cementerio", ya que se relaciona con la tradición folklórica arraigada en Europa sobre la creencia en danzas nocturnas que realizarían los muertos al salir de sus tumbas en los cementerios(1).  También se ha relacionado el término macabro con el término hebreo meqaber que significa "enterrador" o "sepulturero", documentado ya en el Antiguo Testamento. Pero el problema etimológico radica en que sólo en Francia se la conoce como Danza macabra (Danse macabre), en lugar de utilizarse esta terminología en España cuya influencia árabe en la literatura y el arte es de una notable mayor importancia. Igualmente, debemos considerar la gran difusión de este género en Europa a fines del siglo XIV y la influencia constante que se evidencia entre los distintos países. En castellano la inclusión del término macabro es muy tardía: segunda mitad del siglo XIX. Anteriormente sólo se registra siempre en un contexto de estricta traducción del Francés, como sucede en un Libro de Horas de principio del siglo XIV de origen galo.
El texto castellano más representativo del género se denomina según el incipit del manuscrito del Escorial b.IV.21, Dança general, y fueron sus primeros editores quienes le agregaron el explicativo de la muerte. En España queda claramente especificado el título del género en relación directa con su contenido, motivo por el cual no plantea ningún problema de identificación léxica ni semántica.
Huizinga insiste en no confundir la Danza de la Muerte con la Danza de los muertos. En la primera, la Muerte —independiente de su caracterización o personificación— hace danzar a vivos que representan las diferentes clases sociales; mientras que en la segunda es un doble del vivo el que baila como si fuera un espejo de la Muerte, ya que ésta se muestra en la figura del muerto reflejando el futuro respectivo del danzante.
Orígenes e ideología
Es uno de los principales problemas a resolver para los investigadores medievalistas. El gran número de ejemplares del género y de obras que pueden considerarse como antecedentes, así como sus problemas de fechación, hacen difícil la tarea de establecer un stemma codicum posible. La gran diversidad de orígenes de estos ejemplares dificulta aún más la tarea. Uno de los mayores problemas es poder determinar en qué país el género comienza su desarrollo. Las opiniones varían según el enfoque particular del tema en cada crítico:
  • H. F. Massmann defiende la primacía de los textos germánicos sobre los franceses e incluso sobre las fuentes latinas medievales;
  •  W. Fehse dice que el origen de las Danzas es latino y su primer antecedente es el poema latino francés del Vado mori, de evidente influencia en los manuscritos franceses y alemanes;
  • Stammler considera muy importante el poema oriental del Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos como otro antecedente de las Danzas. Lo considera un eslabón importantísimo en la temprana difusión de la temática macabra. Considera que las Danzas se gestaron en Alemania, ya que la creencia en juergas nocturnas en los cementerios llevadas a cabo por los muertos que salían de sus tumbas proviene de allí.
  • J. M. Clark sostiene que la Danza alemana y la española no pueden tener el mismo origen, debido a que la primera es más una Danza de los muertos con ilustraciones y la segunda tiene a la Muerte como figura alegórica y carece de ilustraciones. Además, en sus investigaciones llega a la conclusión de que la Danza española está inspirada en la Danza francesa.
  • Contrariamente, Víctor Infantes sostiene la "primacía cronológica de la Danza española frente a sus congéneres europeos". 
  •  Lázaro Carreter dice que el mismo poema confiesa, al frente del prólogo, que es una trasladaçion. En un complejo cuadro de las danzas de la muerte europeas, sitúa a la castellana en una copiosa familia descendiente de la Danse de Macabre francesa, la cual no es su modelo inmediato, y generalmente se admite la superioridad del texto español sobre todos los conocidos. El crítico concluye que este género surge en Francia hacia el siglo XIV.
Resulta fundamental conocer los factores históricos, sociales y culturales que posibilitaron el auge de este género medieval y su masiva difusión por toda Europa. De la idea germinal de las danzas nocturnas de los cementerios deriva la iconografía macabra que luego va a aparecer junto al texto de las Danzas de la Muerte. Se representan esqueletos o cuerpos en descomposición danzando sobre las tumbas y tocando instrumentos como la flauta o el violín. Por un lado, el crítico Rosenfel afirma que estas figuras danzantes fueron luego vestidas con los trajes típicos según los distintos estamentos del medioevo. Más tarde derivó en las Danzas de los muertos, como el caso de las Totentanz en Alemania. Por otro lado, originó la representación de vivos vestidos según los estratos sociales que bailan ante el llamado de la Muerte, que a su vez está personificada. A estas representaciones se las denomina Danzas de la Muerte y es el caso de los ejemplares de España, Francia y Lübeck.
La crítica coincide en que la Peste Negra y la crisis del siglo XIV cumplieron un papel fundamental para el desarrollo y difusión del género:  los primeros testimonios de la Muerte en el arte medieval aparezcan después de 1350, dos años después de que la terrible epidemia devastara la población(2). El binomio Danza/peste permaneció presente como conexión mental hasta bien entrado el siglo XVI. Frente a tal terrible epidemia, el hombre se encontró cara a cara con la Muerte, descubriendo su efecto devastador e inevitable, y la marca espiritual y física que deja en todo lo que hiere con su dardo. Ya no la veía como una muerte que afectaba al individuo sino como una muerte que afectaba a toda la sociedad por igual y esto intensificó la repercusión del género notablemente. La presencia de la peste trajo la evidencia física de la muerte y su realidad inamovible, que se manifiestan en las crudas representaciones de cuerpos en descomposición (de putredine cadaverum) y esqueletos danzante. El morir se convirtió en un hecho cotidiano y habitual. Los artistas ya no necesitaban recurrir a alegorías o símbolos como sucedía en los misterios o moralidades; el mejor referente era la propia realidad, se pintaba lo que se contemplaba. El hombre tomó conciencia sobre la muerte y a la vez sobre la vida, de allí la íntima conexión del ars moriendi y el ars vivendi que se manifiesta en todas estas representaciones. El hombre, basándose en la doctrina cristiana, reflexiona que el buen morir deriva del buen vivir. El carácter moralizante y didáctico del género surge de esta toma de conciencia. Por otro lado, se buscaba este tipo de arte como un efectivo antídoto contra una de las secuelas de la Peste Negra: la crisis de valores. La sensación generalizada de la fugacidad de la vida (tempus fugit) y la constante presencia de la muerte (memento mori) lanzaron a muchos hombres a una existencia desenfrenada donde la comida, el placer y la holganza eran la forma más preciada de gozar la vida. La concepción de la buena vida estaba basada en las diversiones, las fiestas, el sexo, la ostentación en el vestir y, en definitiva, el disfrute absoluto de los bienes materiales. Por este motivo, la literatura de esta época está en evidente lucha contra los pecados capitales y hace hincapié en las enseñanzas de la iglesia para combatir la falta de valores. De contemptus mundi o el vanitas terrenal eran lugares comunes a toda la literatura moralizante que se considera como la antesala de las Danzas de la Muerte. Era importante destacar los valores espirituales por sobre los materiales para que todos los hombres lograsen la vida eterna. Como podemos observar, detrás de la terrible presencia de la muerte que acosa a todos los hombres y sus macabras representaciones, hay un mensaje de esperanza y justicia divina en las Danzas de la Muerte. Casi todas las muestras conservadas de una relevancia plástica vinculada con las Danzas están inmersas en el contexto religioso del siglo XIV: abadías, capillas, iglesias, cementerios, etc. En oposición a nuestra visión de la ideología de las Danzas, Huizinga sostiene que estas representaciones de la sociedad, la muerte adquiere un carácter patético y fatalista que contribuye a formar una visión negativa fundada en la Peste Negra y las crisis económicas.
Como si esto fuera poco, el siglo XIV se vio afectado por un retroceso significativo que, paradójicamente, repercutió en forma positiva en las manifestaciones artísticas de la época, haciendo del artista un agudo observador de su sociedad y de su ser. Cerca del año 1348, los avances conseguidos en los años anteriores comenzaron a manifestar sus límites. Los cultivos realizados bajo las nuevas técnicas ya no daban los mismos resultados que antes y la gente tuvo que emigrar a las ciudades. El hacinamiento, el hambre y la pobreza estimulaban la envidia de las clases bajas por las clases altas, las cuales gozaban de gordura y opulencia. Era una época de gran injusticia y desigualdad social, y esto también repercute en el arte con una fuerte dosis de descontento social. Las Danzas de la Muerte son una crítica a los hombres y las cosas del mundo político y social, y una representación plástica y literaria del poder igualador de la muerte. Por más desigualdad que haya en la tierra, tanto el rico como el pobre, el Papa, el Emperador y el campesino serán atrapados por la muerte y serán juzgados por igual el día del Juicio Final. El recuerdo constante de la muerte (memento mori) surgió con el fin de enfatizar la igualdad de todos los hombres frente a la realidad de que todos deben morir sin excepción alguna. En la sociedad medieval de marcados contrastes sociales, esto resultaba una advertencia para el poderoso y un alivio para el desamparado. Pero, por sobre todo, era un llamado a todos los hombres a vivir una vida virtuosa basada en la doctrina cristiana. Por otro lado, era una protesta y una denuncia contra los estamentos de la sociedad —particularmente el religioso— que se consideraban poderosos por sobre los demás.
 El carácter democrático de la muerte, que iguala a todos los hombres, corrobora la idea de un mundo organizado según una doble relación vasallática. Una, terrenal, pasajera y pecaminosa, entre los distintos estratos sociales; otra, celestial y eterna, de todos los hombres hacia Dios. Es un recordatorio de que todos los hombres son iguales, todos los oficios son prestados y nadie tiene mayor poder que el que Dios le otorga. De la finalidad de las Danzas de la Muerte se deduce un contraste entre los fines religiosos y los fines sociales y laicos. El contraste es tan profundo que encontramos a la vez, en la misma obra, enseñanzas basadas en la doctrina cristiana y críticas sociales contra del clero de la época. Se satirizan los excesos y las injusticias sociales. Esta combinación de elementos litúrgicos y populares se inicia en el origen del género. Rosenfeld sostiene que existe una mezcla en la concepción de la muerte durante los siglos XIV y XV, que interrelaciona e integra ideas y concepciones bíblicas y paganas. La simbología de las Danzas, la iconografía macabra, es de origen pagano. Las creencias en las danzas nocturnas de los cementerios también son de origen pagano. En general, el texto participa más de la iglesia por medio del sermón y las enseñanzas y lo iconográfico participa más de lo pagano, por sus motivos y la representación de creencias populares. También la danza y la procesión que se cree que formaban parte del género son fenómenos populares. Luego, la iglesia encontró en este género un excelente medio didáctico y el pueblo un medio masivo de protesta. No es mera casualidad que otros géneros en auge en esta época sean la sátira y la parodia que trata el crítico M. Bajtín. En este tipo de obras vemos también la crítica social y la inversión de las jerarquías en la tópica del mundo al revés. En ambos géneros también conviven lo cómico y lo trágico, lo oficial y lo popular. Además, dentro del mismo período XIV-XV encontramos obras importantísimas como El libro de Buen Amor y La Celestina. Ambas obras reflejan la crisis de valores de la sociedad en que se gestan. Cada una, a su manera, critica la sociedad de la época y enlaza lo sublime y lo grotesco, lo oficial y lo popular, para burlarse de la realidad y denunciar al hombre en sus pecados. También tratan el tema de la muerte pero no como tema central. Se da la unión característica del siglo XV de Eros y Tánatos (amor y muerte, lo erótico y lo macabro). Esta combinación puede darse debido a que la visión de la muerte del siglo XV ya no evidencia el horror típicamente medieval. Hacia el final del siglo XIV, en el umbral del Renacimiento, las visiones del hombre cambiaron. Los cambios políticos y económicos fueron acompañados por el descubrimiento intelectual del hombre y mundo. El hombre comienza a verse como el centro del mundo y deja de considerarse una criatura más de la creación divina. Comienza a plantearse el sentido de la vida y el sentido de la muerte con un enfoque más individualista e introspectivo. Por otra parte, el surgimiento de la burguesía como clase social y la gran demanda de arte de la época colaboraron con la evolución del género de las Danzas y su masiva difusión. El símbolo de la muerte es ambivalente: es acabamiento y destrucción pero, a la vez, liberación y renovación.
Relaciones interdisciplinarias en las Danzas de la Muerte
La Iconografía macabra
El elemento plástico es la base esencial de las Danzas de la Muerte, e incluso a veces lo literario parece estar subordinado con el único fin de explicar la sucesión de imágenes. Son muy escasas las Danzas que carecen de representación iconográfica, entre ellas la Dança General de la Muerte castellana. La imagen parece acentuar el contenido didáctico del texto: los cuerpos en descomposición, esqueletos, cadáveres, tumbas, cementerios, lápidas, etc. son una advertencia acerca de la constante presencia de la muerte (memento mori).
En sus orígenes la iconografía macabra se incorpora en los Libros de Horas como un elemento más del ámbito figurativo del mundo medieval. En ellos podemos encontrar también ilustraciones de uno de los poemas que mencionamos como antecedente de las danzas: El Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos. Algunos manuscritos con estas ilustraciones datan del siglo XIII y un gran número de murales se han conservado desde los siglos XIV y XV.
A fines del siglo XV las Danzas macabras ya eran un motivo popular en las decoraciones de la arquitectura eclesiástica y para las ilustraciones de manuscritos y libros impresos. Con la llegada de la imprenta se produjo un gran número de copias y el acceso a las Danzas fue posible para un público mayor. La edición impresa del Libro de Horas debe haber sido muy popular, a juzgar por la gran cantidad de copias que aún se conservan del período entre 1498 y 1525.
Las ilustraciones de las Danzas de la Muerte fueron evolucionando a medida de que el artista fue adquiriendo el nuevo espíritu del Renacimiento. Las Danzas medievales se basaban más en el clero con el objetivo de alcanzar su fin didáctico y moralizador. Las representaciones se encontraban sobre todo en libros religiosos e iglesias. El siglo XV fue un período de geniales murales de las Danzas de la Muerte en iglesias y cementerios. Uno de los más importantes es la Danse de la Mort pintada en uno de los muros del Cementerio de los Inocentes en París en 1424 (fue destruida en 1786 y sólo se conoce a través de copias). Pero estas formas fueron desapareciendo gradualmente a lo largo del siglo XVI. Las pinturas se fueron alejando de su trasfondo doctrinal cristiano y se acercaban más a una sátira de la sociedad y un examen minucioso del hombre y sus condiciones. Hans Holbein, nacido alrededor de 1497, y Durero, nacido en 1471, son ejemplos de la gran cantidad de artistas plásticos que mantuvieron el motivo de las Danzas vivo en este tipo de arte desde la Edad Media hasta nuestros días. Tal vez Les simulachres & histoires faces de la mort de Hans Holbein, impresos por primera vez en Lyon, por Melchor et Gaspar Trechsel en 1538, sea la Danza de la Muerte más conocida y más editada de todo el género.
El teatro
Uno de los problemas más debatidos en el estudio de las Danzas de la Muerte es su posible constitución dramática. Hay muchos elementos que parecen confirmar su relación con el género dramático como, por ejemplo, actividades parateatrales como la procesión, la mímica, la pantomima, la ceremonia, el sermón, la danza y la música. En relación con la ideología de las Danzas, destacamos aquí el contraste que se da entre lo profano y lo religioso: conviven elementos populares como la mímica, la pantomima y la danza, con elementos litúrgicos como la ceremonia y el sermón.
Encontramos, además, elementos característicos de las obras teatrales como el diálogo, la personificación, la escenografía, etc. También debemos destacar su íntima conexión con la especie dramática típicamente medieval de las moralidades como la obra Everyman que trataremos más adelante.
Sin embargo, la clave del problema es que no se ha podido probar por medio de ningún documento que las Danzas de la Muerte medievales hayan sido realmente representadas como obras teatrales. Para muchos críticos, como Romeu, Mâle, Seelman y Fehse, no cabe duda de que en sus orígenes tanto las Danzas de la Muerte como las de los muertos eran sermones mimados, representados y danzados. Se cree que el espacio teatral era la iglesia o el cementerio y que las escenas dramáticas eran cortas, puesto que esta era la costumbre teatral en las obras litúrgicas que se llevaban a cabo en las iglesias. Con el paso de más de un siglo (desde finales del siglo XIII hasta 1424) a estas piezas teatrales se les sumaron elementos literarios, gráficos, musicales, ideológicos y sociales con un trasfondo de protesta y rebeldía.
La crítica Nilda Guglielmi clasifica las Danzas de la Muerte directamente como piezas de teatro morales y didácticas junto con las moralidades. Daniel Capano define a estas últimas como "piezas de carácter marcadamente alegórico". Sus personajes representan abstracciones como las virtudes, los vicios, la amistad y la muerte. Estas obras son de carácter netamente religioso. Lo que fundamentalmente comparten con las Danzas es el carácter moral y didáctico fundado en la doctrina cristiana. Pero a su vez, las Danzas se relacionan con piezas pertenecientes al teatro profano que estudia M. Bajtín, como la farsa y la sottie, por la satirización de lo oficial y la demanda social que manifiestan. Una vez más estamos frente a la dualidad ideológica de las Danzas, dualidad que las enriquece infinitamente.
Dos textos, entre otros, denuncian la contaminación literaria con las Danzas y ambos son piezas teatrales que traen la estética macabra a los escenarios europeos. Uno es el Everyman ("Cadacual"), moralidad inglesa que desarrolla el tema del hombre que siempre ha vivido sin planteamientos y a la hora de morir se encuentra solo. Todos lo abandonan: amigos, familiares y riquezas; excepto las Buenas Acciones que, luego de refortalecerse con la Doctrina, salvarán su alma en el momento decisivo. El otro texto es el Prólogo sobre la muerte de origen polaco, cuyo estilo jocoso-serio, tan estudiado por E. Curtius, quiebra la gravedad característica de las moralidades. En esta obra, la Muerte ironiza sobre el asustado aspecto y los torpes argumentos del magister, que pretende eludir la llegada de su hora final.
Menéndez Pelayo acepta que las Danzas de la muerte europeas son dramáticas en sus orígenes ya que se representaban y danzaban, pero niega que la obra castellana o la catalana hayan sido representadas.
La clasificación de la Danzas de la Muerte dentro del género dramático no está confirmada por el estudio y la crítica debido a la falta de documentación sobre el tema. Sin embargo, es indudable su íntima conexión con el teatro medieval.
La danza
 Ninguna de las fuentes ayuda a explicar por qué este género debió denominarse Danza. Podemos establecer varias conexiones con las creencias paganas que mencionamos anteriormente: los muertos salen de sus tumbas y danzan por la noche en el cementerio. La iconografía macabra de origen pagano representa a los muertos como esqueletos danzantes que portan instrumentos musicales como la flauta, el xilófono, el laúd, la gaita, el violín, etc. La Muerte misma dirige la danza de los esqueletos en las Danzas de los muertos o invita a bailar a los vivos en las Danzas de la Muerte. Así mismo, la presencia de la danza se evidencia en el texto de la Danza General de la Muerte castellana, como en los de otras Danzas, ya que encontramos expresiones como "A la danza mortal venid los nacidos" o "A esta mi danza" o "Vos, rey poderoso, venid a danzar" en boca de la Muerte, invocando a los hombres. Ya antes el Predicador nos advierte: "Haced lo que os digo, no os retraséis/que ya la muerte comienza a ordenar/su terrible danza [...]".
El elemento "danza" nos lleva a toda una concepción coreográfica y espacial vinculada con ritos y costumbres que aparecen en todos los ámbitos del teatro medieval. Por ejemplo, una de las formas más divulgadas del teatro medieval inglés es el denominado in the round ("en la ronda"), que se relaciona con la formación espacial y coreográfica que encontramos en todas las representaciones gráficas e involucra la idea de procesión y danza conjunta.
Podemos hacer un retroceso en el tiempo y levantar un puente entre las Danzas de la Muerte medievales y las danzas de la muerte de las culturas primitivas de Europa. Estas danzas primitivas, denominadas actualmente danzas orgiásticas se realizaban ante la muerte de un miembro del clan. Consistían en movimientos no armoniosos, sino convulsivos y descontrolados. El ritmo de estas danzas estaba basado en el instinto y en una continua improvisación determinada por la búsqueda desenfrenada de un paroxismo. Generalmente estas danzas se realizaban en círculos, girando sobre un eje que podía ser el cuerpo del muerto, un tótem, etc. Es evidente que estas danzas primitivas tienen su expresión medieval en las Danzas de la Muerte. La estructura espiralada de éstas últimas (llamado de la muerte-respuesta del convocado-sentencia, esquema que se repite constantemente) corresponde al movimiento circular y continuo de las primeras. Ambas terminan con la caída de los bailarines y tienen como eje a la muerte, ya sea en la realidad o personificada.
Un ejemplo de danza orgiástica propia de la misma Edad Media es el ergotismo, que se consideraba una enfermedad causada por el exceso de centeno. Gente de todos los estratos sociales danzaban tomados de las manos y vestidos con trapos, aunque algunos desnudos. Los danzantes accedían al estado de éxtasis debido al constante movimiento. Algunos se arrojaban al suelo, otros perdían el sentido y caían por tierra. Presentaban convulsiones y contracciones paroxísticas. Creemos que este fenómeno ha tenido influencia sobre el género medieval de las Danzas de la Muerte. Las fechas de estas "danzas convulsionarias" mantienen una sospechosa cercanía con las Danzas.
La música
Es preciso mencionar que no se conserva ningún testimonio musical de ninguna Danza macabra, ni se puede asegurar que el género tuviera en algún momento una constitución musical. Sin embargo, la iconografía macabra presenta gran variedad de instrumentos musicales (más de cuarenta ejemplares).
El elemento "danza" sugiere inevitablemente el elemento "música". Si tomamos como cierto que en sus orígenes este género era representado y danzado, debemos considerar su temprana relación con la música. También el teatro presenta una íntima conexión con la música en los orígenes del drama medieval y no sólo con exclusivo carácter litúrgico. Los tropos medievales cantados adquieren una libertad literaria que poco a poco va acentuando el carácter teatral del texto hasta convertirse en una estructura dramática.
Por último, es de gran importancia considerar el hecho de que exista una antología de más de cincuenta textos en diferentes lenguas con canciones directamente derivadas de las Danzas, e incluso, algunas pequeñas Danzas en sí mismas, carentes del elemento gráfico.
Antecedentes y obras más representativas del género
Las Danzas de la Muerte se caracterizan por presentar a la Muerte como el personaje central que debe "dialogar" con una serie de personajes que representan las distintas clases sociales. La Muerte nombra a su interlocutor por su oficio, cargo o condición y lo convoca a su danza fatal. Este responde a su llamado por medio de la súplica, el lamento o la confesión de sus pecados. Por último, la Muerte dictamina la sentencia. Esta secuencia se repite constantemente hasta el final de la obra, lo que determina la estructura espiralada de la misma.
En el texto aparecen los topoi característicos del género: vanitas terrenal; ubi sunt?; de contemptus mundi; de putredine cadaverum; memeto mori; quattor hominum novissima que abarcan la muerte, el Juicio Final, el infierno y la gloria; tempus fugit. Sirven para enfatizar la crítica social, la igualación ante la muerte y el carácter moral y didáctico de la obra.
El género ocupó casi toda Europa. Se han encontrado Danzas en los siguientes países: Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Suiza y Yugoslavia. A continuación trataremos brevemente las tres Danzas que consideramos las más representativas del género y que V. Infantes determina con "elementos suficientes como para considerarlas primigenias": la Danse macabre francesa, la Wurzburg Totentanz alemana y la Dança General de la Muerte castellana junto a la versión sevillana de 1520. Pero, primero es necesario referirnos a algunos antecedentes importantes: el Vado mori, el Debate del Alma y el Cuerpo, De contemptus mundi y el Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos. Además, no podemos obviar que una buena parte de la ideología macabra fue heredada del mundo escatológico egipcio y que a esta cultura debemos una de las obras maestras de la literatura funeraria universal: El Libro de los Muertos. Los egipcios hacían pasar sus momias durante sus banquetes y celebraciones como recordatorio de la fugacidad de los placeres del mundo natural. Aquí encontramos un remoto antecedente de dos topoi medievales: el tempus fugit y el memeto mori.
El Vado mori
El Vado mori, poema latino en estrofas de dos versos (dísticos), junto con otros poemas latinos del siglo XIII de parecido contenido, son el antecedente argumental de las Danzas. Están introducidos por la figura del predicador, como las Danças españolas entre otras, y presentan el desfile característico de personajes, en el mismo orden jerárquico de mayor a menor importancia como aparece en las Danzas. En el desarrollo de estos dísticos surgen las Upper Germain Quatrain en Alemania y, de ellas, la forma en ocho versos característica del resto de Europa (París, Lübeck, España, etc.). Los poemas latinos carecen de iconografía macabra en conjunto con el texto. No poseen una estructura espiralada, ni presentan una forma dialogada capaz de ser representada. Tampoco poseen un espacio ni una distribución coreográfica que puedan relacionarlos con las Danzas. Pero lo que más la diferencia de las Danzas es que no presenta a la Muerte como un personaje. Igualmente, encontramos temas como: igualdad ante la muerte, relación de jerarquías, meditación sobre la vida; y también topoi como: memento mori, tempus fugit y vanitas terrenal, que evidencian la relación estrictamente literaria de estos poemas con las Danzas de la Muerte.
El Debate del Alma y el Cuerpo
El Debate del Alma y el Cuerpo es anterior, finales del siglo XII, y presenta como recurso el diálogo, que es característico de las Danzas. Pero aquí, el diálogo aparece en forma de debate entre el alma y el cuerpo. No hay muerte personificada ni personajes que representen los estratos de la sociedad. Tampoco hay danza. Sin embargo, podemos notar la intención didáctica y moral del texto en que el Alma reprende con dureza los errores cometidos por el Cuerpo. Nos encontramos con la tópica de los pecados capitales que aparece en las Danzas, así como también con otros lugares comunes relacionados con la cosmovisión medieval de lo macabro: descripción de la podredumbre material de la carne (de putredine cadaverum), castigos demoníacos y visiones apocalípticas. Hay influencias del mundo clásico, incluso de la Biblia, que también encontramos en las Danzas.
De contemptus mundi

La obra del Papa Inocencio III, De contemptus mundi, fue también compuesta a fines del siglo XII. Es una reflexión sobre el sentir medieval sobre la muerte. Medita sobre la vanidad de las cosas terrenales (vanitas), la miseria del hombre en el mundo, la angustia ante el recuerdo del Juicio Final, y el sentimiento de dignidad del hombre. Critica la pomposidad y el materialismo de las clases poderosas. Evoca la iconografía macabra con su descripción de la muerte como putrefacción del cuerpo. Este poema tuvo gran repercusión en Europa y en el sentir religioso del hombre cristiano. Creemos que tiene vital importancia por su posible influencia sobre la ideología de las Danzas, así como en los Ars moriendi latinos y sus posteriores manifestaciones en las lenguas vernáculas.
El Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos

En 1295, Baudoin de Condé compuso un breve poema llamado El Encuentro de los Tres Vivos y los Tres Muertos, de enorme importancia textual e iconográfica para el género que estudiamos. En él aparecen todos los topoi característicos de las Danzas. Además, muestra un gran énfasis en el Ars vivendi relacionado con el Ars moriendi que se funda en el motto: "Quod fuimus, estis, quod sumus, eritis", en el que se basó el autor del poema. Dicho motto es de origen clásico y oriental. Era un epitafio bien conocido en el medioevo y está ligado a motivos iconográficos mortuorios repartidos por toda Europa.
El poema trata sobre el encuentro de tres jóvenes de la nobleza (o tres reyes) con tres muertos "revividos" que reflejan el futuro de los primeros. Se entabla un diálogo acerca de la vanidad de las cosas mundanas (vanitas) y de cómo se debe vivir para evitar el mal morir (ars vivendi y ars moriendi).
El Encuentro presenta diálogo, elemento característico de las Danzas; pero los vivos, en lugar de hablar con la Muerte, dialogan con sus dobles muertos. Esto es más característico de las Danzas de los muertos. Es posible que estas últimas sean una expansión del poema, en que todos los miembros de la sociedad encuentran su doble muerto. Por otra parte, este poema también tiene carácter moral y didáctico.
Un dato muy relevante es que el texto del poema aparece acompañado de su correspondiente iconografía macabra, como es propio de las Danzas. Esta representación suele aparecer en manuscritos como los Libros de Horas y en los murales de las iglesias. En Inglaterra, el poema se difunde a finales del siglo XIII cuando dos tablas con el Encuentro representado fueron compradas. La representación de los cuerpos en putrefacción y los esqueletos en la ilustración del poema hace indudable su relación plástica con la iconografía macabra de las Danzas.
La Danse macabre

En 1424, una Danza de la Muerte fue pintada en las paredes del Cementerio de los Inocentes en París. Una vez terminada, John Lydgare vino de Inglaterra, copió los versos y los tradujo al inglés. Desafortunadamente, el cementerio debió ser destruido en 1786 debido a que la tierra estaba contaminada por los cadáveres. Actualmente, sólo conocemos la Danse macabre francesa a través de su primer copia impresa, que fue llevada a cabo en París por Guy Machant, en 1485. En la representación gráfica se evidencia la búsqueda de representar la sociedad. A cada personaje le corresponde un muerto que es su doble. Los vivos se muestran más rígidos y los muertos más activos a diferencia de otras representaciones. Muchos personajes llevan elementos característicos de sus profesiones: el carcelero, llaves; el clérigo, una cruz, etc. Casi la mitad de los personajes son pertenecientes al clero, con el fin de enfatizar la importancia de la iglesia en la sociedad medieval. Los personajes varían el rango de mayor a menor importancia social desde el principio hacia el final de la Danza. Este orden de los personajes es característico de las Danzas en general puesto que está basado en la realidad social de la época.
Los versos del texto también fueron copiados de las paredes del cementerio. Y las estructuras sociales también se manifiestan allí. La Danza la inicia el Papa, al que le sigue el emperador, y sucesivamente se intercalan religiosos y laicos, cada vez de menor rango hasta el final. Pero estos personajes no dialogan con la muerte, sino con sus dobles muertos, por lo cual puede discutirse si esta obra sería una Danza de la Muerte o de los muertos. En esta obra las mujeres aparecen totalmente excluidas de las jerarquías sociales, lo que sucede también en otras Danzas como, por ejemplo, la castellana. Por otro lado, existen Danzas únicamente de mujeres como la Danse macabre des femmes, pero son escasas.
La Wurzburg Totentanz
La Wurzburg Totentanz es el texto alemán más importante del género. Se cree que fue compuesta en 1350. En esta Danza la rígida disposición de la sociedad ha desaparecido. Se mantiene el orden de los estratos superiores a los inferiores, pero ya no se respeta la intercalación de personajes del clero y personajes laicos. Además, las mujeres son incluidas entre los hombres.
La Dança General de la Muerte

En un códice de la Biblioteca del Escorial —el B.IV.21— se encuentra la Dança General de la Muerte castellana junto con los Proverbios de Sem Tob, el Tractado de la Doctrina de Veragüe y la Revelación de un ermitaño. Los estudios sobre su fechación han sugerido como probable en año 1400 para el redacción del texto y, como mencionamos anteriormente, algunos críticos piensan que es una adaptación de una obra francesa del siglo XIV. Su autor es desconocido y carece de representación gráfica. El texto presenta la misma disposición de los personajes que la Danza francesa y las únicas mujeres que aparecen son las esposas de la Muerte, que no participan de la danza, puesto que han sido convocadas como observadoras. Esta Danza se considera de una calidad literaria sobresaliente entre las demás de su género.
La edición sevillana de 1520
Se sabe que existió una edición de 1520 de la Dança General de la Muerte, de origen sevillano, que se ha perdido. Sólo se conserva una transcripción editada por A. de los Ríos. Algunos investigadores opinan que esta edición es una versión ampliada de la Dança castellana, mientras que otros sostienen que el original de esta edición no es el manuscrito esculariense, sino otro, seguramente más arcaico. Gracias al colofón de la transcripción tenemos certeza de que esta edición fue impresa en la ciudad de Sevilla por Juan Varela de Salamanca en 1520.
En la amplificatio que presenta esta Danza en relación con la castellana, son añadidos personajes representativos de los estratos más bajos de la sociedad y también las mujeres. La intercalación de personajes religiosos y laicos se pierde, pero el orden jerárquico se mantiene.
Conclusión
En el trabajo de investigación realizado hemos desarrollado las problemáticas básicas del género de las Danzas de la Muerte y establecido las relaciones fundamentales que presenta con la sociedad en que se gesta. La muerte es un tema inabarcable e inagotable en el arte en todas sus formas, ya que es condición del hombre de todas las clases sociales, todas las religiones, todas las razas y todos los tiempos. Es el fin de la existencia, pero a la vez su confirmación intachable. Es la tortura del hombre, pero a la vez el impulso necesario para la búsqueda de la verdadera felicidad. Y esta dualidad es la que encontramos a lo largo de todo nuestro peregrinaje por los templos de las Danzas. Su sello en la historia del arte es indeleble. La muerte es uno de los grandes temas de la literatura y el teatro español, y un tema constante en el arte universal. Es una rica tradición que se ha iniciado en la amalgama de expresiones y voces que constituyen las Danzas de la Muerte medievales.

Notas
(1) El término almacabra como "cementerio moro" aparece posteriormente en Cervantes.
(2) Durante tres años todo el territorio europeo fue víctima de la terrible enfermedad que se denomino Peste Negra debido a las manchas oscuras que aparecían en los cuerpos de las víctimas. El descenso demográfico fue de proporciones nunca vistas en la historia del hombre. En las vísperas de la epidemia la población europea contaba con aproximadamente 85 millones de habitantes; para el año 1400 se había reducido a 45 millones.






Bibliografía
Bajtín, Mijail, La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento – El contexto de François Rabelais, Madrid, Alianza Estudio, 1996.
Capano, Daniel, Análisis del discurso literario, Bs. As., Universidad del Salvador, s.f..
Guglielmi, Nilda, El teatro medieval, Bs. As., Ed. Universitaria de Bs. As., 1980.
Huizinga, J., El otoño de la Edad Media. Estudios sobre las formas de la vida y el espíritu durante los siglos XVI y XV en Francia y los Países Bajos, Madrid, Revista de Occidente, 1971.
Infantes, Víctor, Las Danzas de la Muerte: génesis y desarrollo de un género medieval: (siglos XIII–XVII), Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1997.
Lázaro Carreter, Fernando, Teatro medieval, s.l., Ed. Castalia, 1987.
FUENTE:  María Laura Pérez Gras- Publicación de la Facultad de Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Año I Nº 1 Setiembre 2000 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Teatro medieval castellano


 Hay dos teorías fundamentales con respecto al origen del teatro medieval europeo. En primer lugar, la teoría de los orígenes litúrgicos; se ve la célula inicial del drama medieval en los tropos (pequeños núcleos de diálogo cantado, insertados en el texto litúrgico). Hay dos momentos importantes con sus correspondientes temas: la resurrección primero y el nacimiento después. El tropo Quem quaeritis (in sepulchro)? corresponde al ciclo de la Visitatio Sepulchri y a él se añadió la noticia explícita de la resurrección y una o varias antífonas. Para el nacimiento, fueron dos los diálogos que se cantaron; uno casi réplica de los tropos pascuales (Quem quaeritis in praesepe?) y un pequeño diálogo.
La Visitatio como el Officium Pastorum pasaron de ser representados a una “escenificación” en el ceremonial, con religiosos y con la Iglesia como marco. Los núcleos  iniciales se amplían por la suma de escenas; se incorporan varios elementos extralitúrgicos: el regateo en la compra del ungüento para el cuerpo de Cristo dio lugar a comicidad discreta, como los pastores al manifestar alegría por el nacimiento de Jesús. Estos aires populares se incorporan con el tema, con cantos y con bailes. Ya está listo para cambiar por la lengua romance y para salir de la nave al atrio y a la plaza pública.

La teoría opuesta es la que corresponde a las ideas antilitúrgicas, por considerar la subsistencia de costumbres folklóricas populares, la continua tradición de los antiguos mimos y la actitud hostil de la Iglesia hacia el teatro en la Edad Media. En lo que respecta a las tradiciones, estas conmemoraban el renacer de la naturaleza, los ciclos vitales relacionados con siembra y cosecha, equinoccio y solsticio, la llegada de la primavera, etc., que daban pie a pequeños núcleos teatrales, con canto y danza primero y diálogo después. Este tema lo detalla bien Karl Young (The Drama of the Medieval Church). B. Hunningher adjudica la importancia de la teatralización de los tropos a los mimos, como los autores del verdadero drama medieval. Sin embargo, si la Iglesia es tan hostil con esta actividad, difícilmente llame a los mimos al templo para interpretar tropos. Entre otros estudiosos, podemos citar a Richard Donovan.
Mientras que Cataluña, Valencia y Mallorca dan muestras de material litúrgico dramático, el oeste de la península carece de tales huellas. El citado Donovan rechaza la idea de la pérdida de manuscritos, y se dedica a investigar personalmente 135, de los cuales 117 son breviarios y 18, ordinaria. En estos últimos, se describen ceremonias litúrgicas anuales; si alguna iglesia representó dramas de estas características, el acto quedaba consignado allí. Por ello se conoció el ceremonial de San Millán de la Cogolla desde el siglo XIII al XIV. Como conclusión se destaca que Castilla no conoció el teatro litúrgico en latín, si bien en dos breviarios de Silos aparecen dos muestras primitivas de la Visitatio: uno simple y otro más complejo. El primero es del siglo XI, de notación mozárabe, aunque el material pertenece al rito romano; quizá pertenece a un monje mozárabe que huyó de la dominación musulmana. Posiblemente, ya figuraban en breviarios originales al sudoeste de los Pirineos y no en algún ordinarium: los monjes peninsulares copiaban en su totalidad.

El florecimiento se dio en otras partes en los siglos X y XI, pero la escasez documental en Castilla tal vez se deba a que el oeste peninsular observaba el rito hispánico que no propiciaba el teatro litúrgico, a pesar de tener éste elementos de representación y música en su liturgia. Este rito fue suplantado oficialmente a fines del siglo XI por el romano, con el poderío de sus introductores, los monjes de Cluny, cuya presencia en Castilla a finales del XI es, para algunos, factor de nacimiento del teatro litúrgico, ya que esta actividad   dramática se daba en el resto de Europa. La especialista J. Evans demuestra irrefutablemente que esto es falso, ya que en los breviarios de Cluny no hay huellas semejantes. Sin embargo, en Toledo, sede dominada por los de Cluny, empiezan a representarse, quizá desde fines del Siglo XII, el Officium Pastorum y el Canto de la Sibila. El que ha estudiado profundamente este tema es Felipe Fernández Vallejo; el manuscrito más trabajado al respecto es el Acto de los pastores; a la ceremonia original fueron agregados versos castellanos. Con estructura simple y ceremonia arcaica, la fecha no es posterior a fines del Siglo XV, pero las antífonas dialogadas que se encuentran en documentos franceses autorizan a llevarlo hasta la Edad Media. Donovan ha demostrado que, si bien Vallejo adjudica el texto toledano a procedencia benedictina, es probable el origen francés. Lo más probable es que el coro cantara antífonas sin vestidos especiales, sin caracterizarse; la ceremonia se mantuvo inalterable hasta el siglo XVIII. En el transcurso apareció un baile que se suprimió y los niños cambiaron la ropa del coro por la de los pastores. Allí se detuvo el proceso de dramatización.
Situación similar es la del Canto de la Sibila. Hasta el siglo XVIII, concluido el Te Deum laudamus, un clérigo vestido de la Sibila Eritrea era acompañado por dos niños vestidos de ángeles y otros dos, de ropa coral, con quienes intercambiaba palabras. Se trató de un monólogo cantado, interrumpido por un estribillo coral. Fuera de España, no se encuentran ejemplos de una representación tan encilla como ésta, donde la Sibila actúa sola. No hay en Castilla atisbos del Ordo Prophetarum como drama litúrgico.
Por otra parte, los versos de la Sibila Eritrea fueron traducidos del griego, presentados en La ciudad de Dios (San Agustín) y más tarde intercalados en el sermón Contra Judaeos, Paganos et Arrianos, fuente de donde surge el Ordo medieval. No se puede, por otra parte, determinar dónde y cuándo se cantan estos versos por primera vez. Sin embargo, Solange Corbin ha probado que el Ordo Prophetarum es dos siglos posterior a la música del Judicii signum; por lo tanto, el Canto es un desarrollo independiente y no un desprendimiento del drama litúrgico. Fernández Vallejo, además, declara que se trata de una ceremonia antiquísima y venerable; la versión romance es tardía; para él la traducción data del Siglo XIII. Se mantuvo la hipótesis de que sí existió un drama litúrgico, pero escrito en lengua vulgar. De fines del Siglo XII, llega un fragmento de 147 versos del Auto de los Reyes Magos, publicado por primera vez por Amador de los Ríos entre 1861 y 1865.  Modernamente aparece dividido en 5 escenas:
1. Aparición sucesiva de Gaspar, Melchior y Baltasar, asombrados ante el descubrimiento de un nuevo astro; decisión de seguir la estrella;
2. Encuentro de los tres; Baltasar considera el suceso como indicio de la llegada del Cristo; decisión de partir en su búsqueda y adoración; duda de Melchior y propuesta de aquél sobre los tres regalos para probar la divinidad: oro, mirra e incienso;
3. Llegan a corte de rey Herodes al cual preguntan por el nuevo señor; disimulo y sorpresa del monarca, quien les solicita datos para buscar al niño también;
4. Monólogo de Herodes, con indignación e incredulidad;
5. Monarca convoca a sabios de su corte para asegurarse de la verdad. Interrupción del texto en medio de la discusión entre los rabinos.
Los críticos consideran que es parte de un drama más extenso. No puede corresponder a los inicios de una tradición dramática ya que la madurez del fragmento supone necesariamente un pasado literario. El texto presenta distribución simétrica en los monólogos, cada rey descubre la estrella y e interpreta, no sin dudas, su aparición. Los caracteres aparecen bien dibujados; Herodes ofrece rasgos muy humanos y su monólogo prueba la experiencia dramática del autor.
La autora W. Sturdevant considera que la clave del Auto está en que los regalos son para probar la divinidad del Niño y no como muestra de adoración. Al compararlo con otros dramas en lengua vulgar, se encuentra en versiones francesas del apócrifo Evangelio de la infancia. Y no sólo eso. El modelo o fuente es francés, probado por Rafael Lapesa, quien en su estudio sobre las rimas anómalas del texto demuestra que el autor es de origen gascón. El copista, castellano, rectificó algunos términos sin notar que rompía la rima. Para Lapesa otros léxicos internos también debieron ser castellanizados.
En Las Partidas, Alfonso el Sabio menciona las tareas que no deben y sí deben hacer los clérigos: entre estas últimas, las representaciones del Nacimiento, de la Resurrección, la Adoración, etc., pues son buenos ejemplos para el hombre. Menéndez Pidal encuentra contradicciones varias en este texto. Hay frases de aprecio al noble arte juglaresco y también hay leyes que declaran infames a juglares y juglaresas. López Morales pregunta retóricamente si no podría haber sucedido algo semejante con las declaraciones sobre el teatro, ya que Alfonso legislaba en la Castilla del Siglo XIII, cuando es evidente la existencia de piezas teatrales, religiosas o profanas.

Desarrollo en el Siglo XV: de Gómez Manrique a Juan del Encina

Los textos dramáticos castellanos aparecen sistemáticamente hacia fines del Siglo XV. Encontramos una serie de obras líricas, narrativas o lírico-narrativas y a Gómez Manrique antes de llegar a exponentes como Juan del Encina y Lucas Fernández. Si bien esta cadena textual arranca con las Serranillas del Marqués de Santillana y llega hasta La Celestina, en una tradición dramática castellana en el siglo XV, no son lo suficiente como para hacerlas entrar en el género teatral, pues están llenos de poesía alegórica o doctrinal con diálogos o sin ellos.
Hay un pasaje del poema de fray Iñigo de Mendoza con la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores, la Vita Christi, quizás inspirado en una representación presenciada por este poeta. Hay una escena en la que el elemento cómico desempeña un papel importante; las palabras de Mendoza explican por qué introduce lo cómico. Esta mezcla con lo doctrinal o moralizador responde a una tradición muy asentada en España y fuera de ella. Además, la crítica Frida Weber de Kurlat considera que no sería una sino representaciones varias las presenciadas por este autor. Subraya que este se refiere directamente a los lectores en varios pasajes; si bien usa el plural retórico por el cual los excluye en muchas otras partes, los incluye al iniciarse el diálogo de los pastores, y el texto “deja la sensación” de que “van a ver”, condición propia del teatro. López Morales cree, sin embargo, que se debe ver la influencia de la lírica del siglo y sus recursos retóricos, sobre todo por la concepción lírico-narrativa del pasaje mencionado.
El texto está dialogado, con acotaciones del autor del tipo: responde el otro pastor, replícale el otro, torna a hablar Juan Pastor, etc. La escena pastoril de la Vita Christi no es reflejo de tradición dramática; es una rica y frecuentada fuente del teatro religioso de los salamantinos. Encina y Lucas Fernández deben a este texto el ambiente, los personajes, situaciones y, parcialmente, el registro y léxico pastoril.

Representación del nacimiento de Nuestro Señor
Luego de más de dos siglos más tarde, encontramos en Castilla algunos textos dramáticos: la Representación del nacimiento de Nuestro Señor de Gómez Manrique. Esta obra es compuesta por pedido de su hermana María, monja del monasterio de Calabazanos, donde se representó. Consta de 180 versos donde se presenta la anunciación del ángel a los pastores y la adoración de éstos y de los tres arcángeles en el Pesebre. Tiene dos características particulares: a) hay una escena donde José duda de la concepción espiritual de María y el ángel desvanece sus temores; b) sigue una escena alegórica en la que los instrumentos de la pasión hacen premonición sobre el fin de la vida del Niño. La pieza finaliza con una canción de cuna.
H. Sieber considera que la piedra básica en la organización es la simetría. En su estructura, tiene 7 escenas:

i. José, María y el ángel;
ii. María;
iii. El ángel y los tres pastores;
iv. Los pastores al unísono y por separado;
v. Los arcángeles al unísono e individualmente;
vi. El cáliz como coro y los otros seis instrumentos de la pasión;
vii. La canción de cuna.


M. T. Leal considera que se encuentra lo alegórico, pues siete son los personajes, siente los martirios, siete las escenas. Más allá de lo simétrico o alegórico, la característica más importante es la ausencia de sentido dramático, no hay movimiento escénico ni diálogo (sólo en pequeño momento de los pastores), con personajes convencionales, fríos, estáticos. La excepción es José. Hay quien vio en su duda y monólogo un antecedente del tema del honor en el teatro español. En realidad, Gómez Manrique plasma la duda evangélica. A diferencia del dramaturgo español que realza esta figura, los franceses anteriores y contemporáneos ignoran la duda bíblica que aparece en el pasaje de Mateo. Es probable que la duda de José haya formado parte importante de la tradición española del nacimiento. Además, como fue compuesta para ser representada en un convento de monjas, la duda de José no debió acarrear ningún escándalo: la sensibilidad castellana realista lo encontró de su preferencia. 
Por otra parte, en la tardía Edad Media, el culto mariano, que triunfa definitivamente en el siglo XIII, provoca una suerte de reacción que consiste en la humanización bastante vulgar de San José. Mientras la figura de la Virgen recibe mayor veneración y exaltación literaria, la de José se convierte en un figurón tosco. En la Representación, se lo trata con benevolencia, no llega a ser una caricatura. Con respecto a lo literario, Juliá Martínez señala el origen enteramente lírico de la pieza.
Con excepción del villancico final, se emplean los versos más usados en las composiciones líricas. La relación de esta obra con el Officium Pastorum aparece debilitada por la lejanía temática y estructural, en el parlamento de José, presencia de los ángeles, martirios de la pasión, y por la relación con la lírica cortesana y espíritu trovadoresco. Se ve en la técnica poética y en los cancioneros como fuente temática, también con la presentación alegórica de los martirios, por ejemplo:

 José, María y los arcángeles hablan en coplas castellanas;

 La presentación de los martirios es en redondillas;

 Los pastores hablan en tercetos o coplas mixtas de redondillas y tercetos.

Algunos añaden otras tres piezas dramáticas:

Lamentaciones fechas para Semana Santa, de carácter religioso, concebida en la tradición litúrgica para ser representada en iglesia o capilla privada, situada en la tradición lírica del Planctus Mariae;

 un momo para celebrar el nacimiento de un sobrino suyo; es una manifestación paradramática que sólo tiene de teatral el diálogo, carece de acción y de caracterización, es recitativa y muy apegada a la lírica palaciega del momento;

 un momo para festejar el 14° cumpleaños del infante don Alfonso, hermano de la futura Reina Isabel.

lunes, 30 de abril de 2012

Congreso Internacional de Hispanistas en Buenos Aires


XVIII CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE HISPANISTAS, previsto para julio de 2013 en Buenos Aires. Probablemente, se lleve a cabo en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Jurídicas, frente a la Recoleta. Próximamente, brindaré más información. Como será en julio, será pleno invierno, cuando la temperatura mínima oscila entre los 3° y 10° C y suele producirse 1 ó 2 olas polares.
Para más información, se puede ingresar a la página del XVIII Congreso de la AIH, http://www.uba.ar/aihbuenosaires2013/index.html






Librería "El Ateneo"

La librería El Ateneo en Buenos Aires está ubicada en el que fuera el Teatro Grand Splendid, en la calle Santa Fe en el barrio de Recoleta. Fue elegida por el periódico británico The Guardian como la segunda más bella del mundo.


Iniciado en 1917 e inaugurado en 1919, sus instalaciones fueron visitadas por los "grandes valores del tango", como Ignacio Corsini, Roberto Firpo y Carlos Gardel, quien grabó en el lugar y cuyas habitaciones están allí pero cerradas al público. En la década del '20 funcionó como estudio de grabación y como radio: la famosa Radio Splendid.


Suena un tango suave de fondo y en el local se mezclan los turistas fotografiando el espacio desde los balcones, con quienes leían tranquilos en los sillones, los chicos de vacaciones en el sector infantil del subsuelo y los que se demoraban con un café en el bar, que, con el telón de terciopelo abierto, ocupa el antiguo escenario y permite una de las mejores vistas del negocio.

En tres plantas alfombradas, que conservan el rojo y dorado original, la librería tiene 2000 metros cuadrados totales. El teatro fue diseñado por los arquitectos Peró y Torres Armengol a principios de siglo, con 4 hileras de palcos, 500 butacas, una cúpula pintada por el italiano Nazareno Orlandi y esculturas de Troiani a los costados del escenario y en la marquesina de estilo griego del frente.
En febrero de 2000, el Grupo Ilhsa firmó un contrato de alquiler por 10 años sobre el edificio e invirtió 3 millones de pesos en remodelaciones, a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.
La Editorial El Ateneo es una marca tradicional, creada en 1912. El lugar es bellísimo. Es el local que mayor cantidad y diversidad de oferta tiene disponible de toda la cadena, que suma 34 locales en todo el país. En El Ateneo Grand Splendid hay 120.000 títulos con stock físico, lo que permite a los visitantes optar por 1200 títulos de poesía, 4000 en otras lenguas y 1000 de crítica literaria, por ejemplo.
Por allí pasan 3000 personas por día -según un contador electrónico que registra las visitas en la puerta- y se venden más de 700.000 ejemplares por año. La librería es un punto en los recorridos turísticos de la zona, e incluso hay extranjeros que llegan recomendados por otros que ya han estado.
La librería El Ateneo Grand Splendid conserva todas esas marcas de su pasado elegante como cine y teatro, y quizá también el silencio de reverencia al que obliga el majestuoso interior, donde la voz se baja aunque uno no se lo proponga, como sucede ante un buen espectáculo.
El Ateneo retuvo su antiguo esplendor, con su cúpula pintada, los balcones originales y la ornamentación intacta. Hasta el telón de terciopelo es parte del show. Hay sillones repartidos, el escenario se usa como espacio de lectura y café y, todavía mejor, los palcos se utilizan como pequeñas salas de lectura.
la librería porteña ocupó el segundo lugar en la lista de las diez librerías más importantes del mundo por su esplendor arquitectónico, según el diario británico The Guardian, que destacó la conservación del interior del edificio, inaugurado en mayo de 1919 y convertido en librería 81 años más tarde, en 2000.
En la lista, el primer lugar fue para Boekhandel Selexyz Dominicanen, en la ciudad holandesa de Maastricht, que ocupa una iglesia de 800 años de antigüedad, "posiblemente la librería más bella de todos los tiempos", arriesga el periodista. Al local argentino, en el segundo puesto, le siguen librerías en Porto (Portugal), Los Angeles, Glasgow, Cromford (Inglaterra), Bruselas, México, Kyoto y Londres.

Zéjel "El sacrificio de la cebolla" de Ben Quzmán. Poemático tema


Ha llegado la fiesta, mas, por impedimentos,
en lugar de víctima, he degollado una cebolla.

Fui a desollarla y no le encontré pata,
allí mismo la pelé a mano;
la piel se estropeaba y rompía,
y, si de curtirla habláis, se pudrirá.

Tormento tuve mientras la pelaba:
lloraban mis ojos, se me quejaba el cuerpo;
y decía: "De dura no me he de cocinar,
ni freír: ahórrate la pimienta."

Encontré algo blanco y dije: "Niño, anda,
trae una fuente para poner la grasa."
¿Manteca todo? No hallé sino tumor
como un puño, más duro que guijarro.

Cogí un cuchillo, todavía osado,
más en cogiéndolo, se puso el caso difícil:
flaca es, no sirve para víctima,
ni tiene nada de ue hacer fritura.

Estas rimas lancé descuidadamente,
mi mente fue el arco, la pluma, el dardo,
tinta puse en lugar de ponzoña,
y acerté plenamente en los conceptos.

No digas que tiro de mi reserva,
que el inspirado habla improvisado,
y las rimas no se atreven a hiparme,
pues soy bufón, y ellas, los cascabeles.


Esta poesía es un zéjel, creado por Muccadam Ben Moafa el Cabrí, poeta ciego de la ciudad de Cabra, Córdoba. nacido entre los siglos IX y X. Este tipo de texto es una variante avulgarada de la moaxaja, inventada por el mismo poeta. Sin embargo, el gran cultivador del género fue Ben Quzmán: ni antes ni después estas composiciones adquirieron semejante vuelo y picardía. El zejelero tiene fama de obsceno y muchas veces se encarga de hacer valer esa fama, si bien su estilo es más bien de desenfado, burlón, de no tomarse nada en serio. En la obra, finge sacrificar una cebolla en lugar de un carnero para la pascua musulmana de los sacrificios.
Esta festividad es conocida como la Gran Fiesta del Cordero, Fiesta del Sacrificio o AID-EL-KEBIR, la más importante después del Ramadán o ayuno. Tiene lugar cada año, y el inicio suele ser proclamado observando a ojo la evolución de la luna. Su origen se remonta a la Biblia: Abraham (Ibrahim) fue también el fundador del pueblo árabe: tuvo dos hijos, Ismael e Isaac, y para el Corán- libro sagrado musulmán- su primogénito fue el primero de ambos en ser ofrecido como prueba de su amor por Alá. Como Isaac, para los judeo-cristianos.
Se mata al cordero teniendo en cuenta unas normas tradicionales, entre ellas que el animal no sufra, y se comparte en ambiente festivo con música y platos, y dura dos días. También es una fiesta del perdón, en la que deben reconciliarse y olvidar conflictos.
Una parte del cordero se reserva para compartir con quienes no han sido favorecidos por la fortuna.
El poemático tema de la cebolla:
En la primera mitad del siglo XII, en pleno periodo almorávide, Córdoba fue testigo de la individualidad de Ben Quzmán, el poeta que llevó el zéjel de Moccadam ben Moafa a la cumbre. Muchos momentos en la vida de Ben Quzmán fueron de mesas regias, de acusaciones de inmoral y advenedizo y hasta de miseria. Sin embargo, su optimismo y su arte le proporcionaron protectores. Por eso, no le importa no tener un carnero que sacrificar en la Pascua, porque con un zéjel, solo uno, podrá conseguirlo de su mecenas. Es que a falta de carnero para el sacrificio pascual árabe, deberá contentarse- socarronamente- con la cebolla, símbolo absoluto de la pobreza. 
A partir de los cortes que se realizan sobre el tubérculo, aparece la comparación con los cortes que se realizan en el animal y la carnestolenda posterior. Los cortes, en un ritual serio, permitirán observar no sólo la sangre sino también las vísceras. Era muy común la lectura de las entrañas de los animales, no sólo en los ámbitos ocultos de la Edad Media, sino desde la antigüedad. Lo ridículo del caso es que se espera una lectura similar de los anillos de este vegetal y su correspondiente hieroscopia o aruspicina (arte supersticiosa de adivinar en las entrañas de los animales).
Aquí aparece entonces el matbú, súbitamente, que consiste en la inspiración espontánea comparable sólo con una flecha lanzada al vacío. En cuanto a su estructura, este zéjel tiene la fórmula 0 + 6, ya que cuenta con un preludio, cabeza o mat'la, seguido de 6 estrofas constituidas por 3 versos monorrimos o gusn y un verso -de la misma rima que el preludio- o simt.
Contra todo pronóstico, el poemático tema de la cebolla ya aparece en la magnífica Grecia, en los inmortales y épicos hexámetros de Homero. En La Ilíada han dejado de ser villanos quienes la apetecen, ya no es un último recurso de subsistencia y genuina expresión de pobreza. Son nobles, reyes e hijos de dioses quienes la reciben como agasajo.
En un pasaje del canto XI, Aquiles contempla la derrota y a dos guerreros, uno de los cuales va herido. Este es llevado a la tienda y allí "Hecamade acercó una mesa magnífica de pies de acero, pulimentada; y puso encima una fuente de bronce con cebolla, manjar propio para la bebida, y una bella copa guarnecida de áureos clavos que el anciano Néstor se llevara de su palacio y tenía cuatro asas..." Esta famosa copa de Néstor es la descubierta en las excavaciones de Schliemanu en las ruinas de Ilión. Entre los griegos, la cebolla es manjar propio para la bebida.
La motivación es muy diferente en Miguel Hernández. No tiene el tono burlón de Ben Quzmán, ni la altivez épica griega. "Las nanas de la cebolla" son un canto a la ternura y al dramatismo, son los años del hambre y de la finalización de la guerra civil española.


Fuente: García Templado, José. "El poético tema de la cebolla".  Revista de Occidente 29, Año III, 2° ép. (1965): 235-242

Poesías de Yehuda Ha-Levi

Mi corazón está en el Oriente y yo en lo último de Occidente
¿Cómo voy a gustar de la dulzura de los manjares?
 ¿Cómo es posible que cumpla mis votos ni mis promesas
si Sión está oprimida por los edomitas
y yo bajo el dominio de los árabes?
No me sería penoso renunciar a toda la hermosura de España
para poder contemplar el polvo de las ruinas del Templo.


Cuando vi en mi cabeza la primera cana
la arranqué con la mano.
"Has podido conmigo", me dijo, "porque estoy sola.
¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?"


Hasta cuándo dormirás,
tú que reposas en el seno de la juventud:
recuerda que es vacilante como barca remolcada.
¿Durará para siempre el albor de la vida?
Levántate y anda, mira que los emisarios de la vejez
pronto castigan.
Libérate a tiempo, como los pájaros se sacuden el rocío
de la noche.
Echa a volar, cual golondrina, para descargarte de tus
culpas.
Acaso lo que el mañana engendre sea tormenta en el mar.
Sigue a tu Rey, corre, júntate con las almas que buscan la
bondad de Dios.


Lo que no se atreve a nombrar


Veo un jardín,
cuyos frutos están ya en su sazón,
y no hay ningún jardinero que
extienda su mano para cogerlos.
¡Qué lástima!
¡Se marchita la juventud perdida
y queda en mí, solitario,
lo que no me atrevo a nombrar!

Qasmuna Bint Isma' il. Poetisa de los judíos. Su padre era poeta y le enseñó literatura; a veces componía un fragmento de moaxaja y ella lo completaba. Vivió en el siglo XII, 7° de la Hégira